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El hechicero hace caso de tu grito de aviso y se vuelve a tiempo para disparar un rayo de ardiente energía contra el giak. La cabeza del guerrero se desintegra en llamas y su cuerpo cae retorciéndose hasta quedar hecho un montón informe al pie de la columna.
El oficial de los giaks te ve y grita a su intimidada tropa:
-¡Ogot! ¡Ogot!
Los soldados huyen a la desbandada de las ruinas buscando ponerse a salvo en el bosque lejos de aquel lugar.
El joven hechicero se enjuga la frente y se acerca a ti tendiéndote la mano en señal de gratitud y amistad.
