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Precavidamente te acercas a la base de la empalizada. Los troncos están toscamente cortados y presentan numerosos salientes en los que puedes apoyar los pies para trepar por ellos. Al llegar a lo alto de la valla, te encuentras frente a una ballesta. El soldado que la sostiene ante tu cara te indica por señas que desciendas por una escala de madera. Sin discutir con el soldado, bajas lentamente por la escala.
