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Estás en el lindero mismo del bosque cuando tu caballo se encabrita agonizante. El kraan ha hincado sus garras en las patas traseras del caballo e intenta tirarte al suelo batiéndote con sus alas. El cruel jinete giak chilla con deleite al azuzarte con su lanza. Saltas de la silla y corres a refugiarte entre los árboles, abandonando al pobre caballo moribundo entre las garras del kraan.
