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Al atravesar corriendo la cámara, tropiezas con las calaveras haciéndolas pedazos. Adviertes que dentro de cada calavera hay una burbujeante jalea gris que bulle y cambia de forma. De esa masa reluciente parecen brotar unas alas y hocicos semejantes a los de los murciélagos. Con horror y repugnancia te precipitas hacia el corredor de salida y logras escapar en el preciso momento en que un pesado rastrillo cae con estrépito cerrando completamente la cámara.
