LA SOMBRA SOBRE RUANON (2ª Parte)

Si te atreves a ponerte en la piel de un Señor del Kai, si te crees capaz de desafiar a los Señores de la Oscuridad, o si deseas simplemete pasar un buen rato, entra y asume el riesgo... pero quedas advertido...
DRÁGALIN

LA SOMBRA SOBRE RUANON (2ª Parte)

Mensaje por DRÁGALIN » 04-Jul-2005, 15:18

PREVIAMENTE, EN LA SOMBRA SOBRE RUANON

La muerte de Lobo Gris fue la que dio inicio a todo. El Gran Maestro del Kai moría por causa de una letal y fulminante enfermedad en la ciudad de Ruanon, donde era uno de los consejeros privados del Barón Derek Vanalund.

El Gran Maestre del Kai, el superior de la Orden, llamó a los más jóvenes Señores del Kai recién nombrados: Cuervo Vigía, Dragón Carmesí, Gato Alado y Gavilán Temerario. Y les encomendó la misión de averiguar las causas exactas de la muerte de Lobo Gris. Para ello, viajarian a Ruanon, donde se instalarian con la excusa de que uno de ellos sería el sustituto del recientemente fallecido Maestro en el Consejo Privado del Barón.

De esta manera llegaron a la opulenta Ruanon, capital del comercio y de los mineales preciosos, y a la residencia del Barón, la fortaleza conocida como La Mano, en pleno centro de la ciudad. Alli se hizo cargo de ellos el Mayordomo de la Fortaleza, Roanan, y conocieron al jefe de la guardia de Palacio, Weyland Thorne.
Esa misma noche velaron el cadaver de Lobo Gris, mientras los dos sacerdotes de Kai que les acompañaron en el trayecto preparaban el cuerpo para el viaje que lo llevaría a reposar en la cripta del Monasterio del Kai. Las primeras sospechas comenzaron al ver los extraños síntomas que presentaba el fallecido. ¿Envenenamiento? Además, la inseparable capa verde que todo Señor del Kai lleva consigo había desaparecido...

Al día siguiente, mientras el cuerpo de Lobo Gris viajaba hacia el Monasterio, tuvieron la oportunidad de conocer mejor la Fortaleza de La Mano y la ciudad del Ruanon, a medida que tenían un primer contacto con los principales protagonistas de esta historia durante el banquete que se celebraba en su honor.

La Familia Vanalund: Derek Vanalund, Barón de Ruanon; su hijo Aladar, heredero de la Baronía; su hija Irina, sacerdotisa de Ishir; y Dan, el hijo menor, estudiante para aprendiz en la Hermandad de la Estrella de Cristal.

La Guardia Personal de Baron (tambien conocida como la Guardia Roja por el color de sus armaduras; los mejores caballeros de la Baronía cuya misión es proteger al Barón y a su familia) : Sir Alistair Grey, Primera Espada de Ruanon y comadandante de la Guardia Roja; Sir Brendan Furia y Sir Tydon Anskar, un gigante encapuchado que también oficia como verdugo de la Baronía.

El Consejo Privado del Barón: El Maestro Dragair, consejero principal y Mago de la Hermandad de la Estrella de Cristal de Torán; el Maestre Clian, Sanador y Tutor de la Casa de Ruanon; Sir Jester Crow, Capitán de los Caballeros de Ruanon; el Hermano Luanus, Sacerdote Primado de Ishir y Courtland Tiddar, representante del Gremio de Comerciantes.

En ese mismo banquete de bienvenida conocieron al joven Ingeniero Jefe de las Minas de Ruanon, Radan Marr, y también oyeron por pimera vez hablar del Fantasma. Al parecer los sirvientes de La Mano murmuraban sobre que el espectro de Lobo Gris vagaba por la fortaleza de noche, inconfundible debido a su capa del Kai. Parecían ser simples chismorreos...

Pero las complicaciones no tardaron en llegar, y esa misma noche, cuando Cuervo Vigía recibió una nota en su habitación que le pedía acudir a una reunión para recibir información sobre Lobo Gris. Se trataba de una trampa, claro, cuando unos matones aparecieron que el Señor del Kai derrotó sin muchas dificultades. Pero no pudo descubrir nada ya que al único que quedó vivo lo mató el Fantasma.
Fuera quien fuera, iba ataviado con la capa del difunto Maestro del Kai y portaba una extraña ballesta de doble rail, y desapareció sin dejar rastro, dejando a Cuervo Vigía con la sensación de que le estaban sometiendo a una prueba...

El nuevo día trajo sorpresas de todo tipo. Esa mañana, los Señores del Kai salieron de La Mano para visitar la populosa ciudad. En la Catedral de Ishir hablaron con uno de los mas importantes eclesiasticos de Ruanon, Sacerdote Primado de Ishir, el hermano Luanus, que les habló de que a Lobo Gris se le veía muy a menudo por la Catedral. Dragón Carmesí habló en privado con Irina Vanalund, la cual le confesó que la principal autoridad eclesiastica de Ruanon, la anciana Suma sacerdotisa de Ishir, Dayia Vanalund, hermana del Barón, se encontraba en un delicadísimo estado de salud.

Esa mañana también visitaron el popular mercado de la ciudad, el más importante de todo Sommerlund. Y en la armería de un maestro ballestero llamado Gunther Sparrow les confirmó que él había sido el creador de la ballesta doble que portaba el Fantasma. Dicha ballesta fue un trabajo encargado por el mismo Lobo Gris hacía años como regalo para alguien...

Pero el mayor impacto llegó al volver de nuevo a La Mano, donde descubrieron lo que ocultaba la cima de la Torre de la Guardia: una celda mágica que aprisionaba a un Helghast de Helgedad.
El Barón les contó la historia de cómo ese Helghast trató de asesinarle hace cinco años y de cómo fue detenido por Maestro Dragair y Lobo Gris (que perdió un ojo en la lucha). El Helghast fue reducido y encerrado para poder estudiar con detalle los poderes y debilidades de dichas criaturas.

Al visitar a dicha criatura conocieron a su carcelero, un guardia llamado Hansen, que poseía capacidades de Defensa Psíquica y había sido entrenado por Lobo Gris para servir como barrera psíquica para los poderes del Helghast.
Pero no estaban preparados para lo que les reveló el servidor de los Señores de la Oscuridad: El veneno que había matado al Maestro del Kai.
Cuando fueron a consultarlo en la Gran Biblioteca, resultó que los síntomas causados por dicho veneno correspondían por los sufridos por Lobo Gris. Aparentemente, el Helghast les estaba diciendo la verdad.

Y esa misma noche, bajo una tormenta de agua impresionante, volvió a aparecer el Fantasma. Los Señores del Kai lo persiguieron por los tejados de La Mano, aunque se les volvió a escapar a través de un pasadizo secreto en las murallas... que decidieron explorar por la mañana, en privado.

Pero esa mañana trajo a la unidad de arcabuceros de Ruanon, una unidad de élite especializada en las armas de fuego propias de los enanos de Bor, capitaneada por Brandon Furia, hermano gemelo del Guardia Rojo. El Barón, debido a los incidentes causados por el Fantasma, había dado la autoridad a Furia para encargarse de la seguridad de La Mano. A partir de ese momento, los arcabuceros debían ser obedecidos por Weyland Thorne y todos los guardias de Palacio.

Presintiendo algo sospechoso, los Señores del Kai aceleraron sus investigaciones. Por una parte el Helghast seguía proporcionandoles información. Según él, los enemigos a enfrentarse eran cuatro encapuchados, que se reunían en la misma Fortaleza. Las indicaciones de la criatura los llevaron a una salida secreta de La Mano ¿sería verdad lo que les contaba el servidor de los Señores de la Oscuridad?

Por otro lado, el pasaje utilizado por el Fantasma en su huida resultó ser una entrada oculta en el exterior de la muralla, que llevaba a la Torre del Barón y también a otro acceso exterior fuera de La Mano. A través de esos pasadizos también se podía espiar la Sala de Audiencias, y pudieron presenciar una reunión del Consejo Privado del Barón donde se enteraron de algo sorprendente. Al parecer se habían estado llevando negociaciones secretas entre Ruanon y Holmgard, que habían desembocado en el proximo enlace matrimonial de su heredero, Aladar Vanalund, con la princesa Diana, hija primogénita del Rey de Sommerlund, Ragnar I. Dicho matrimonio era sin duda todo un acierto para el Barón, ya que uniría el linaje de Ulnar al de los Vanalund.

Sin embargo, fue la ultima información del Helghast la que hizo decidir a los Señores del Kai que había que salir de Ruanon. Se trataba del refugio secreto de Lobo Gris, situado en el Bosque de Espinas, al pie de las Durncrag. Si había un lugar donde el maestro del Kai guardara información sería allí. Y esa misma tarde salieron de La Mano sin despedirse, aunque antes hicieron una visita al Mercado Central, a una comerciante vassagonia llamada Elessa, que fue la que proporcionó (sin saber su propósito) el veneno que mató a Lobo Gris. Lamentablemente, ella no sabía quién fue el comprador del veneno, sólo que se trataba de un encapuchado...

Tras cabalgar toda la noche, llegaron al Bosque de Espinas, conocido por ese nombre debido a la zarza gigante que lo inundaba. Atravesaron esa espesa maraña para llegar a su interior, donde se enfrentaron primero a las mortales trampas con las que el Maestro del Kai había plagado la zona y luego con sus guardianes, una manada de lobos demoniacos. En el camino encontraron cadáveres de Caballeros de Sommelund, que al parecer no hacía mucho también habían tratado de llegar al refugio de Lobo Gris. La cosa se complicaba...

En la pequeña cabaña que fue el refugio del Maestro, descubrieron dos objetos. Un colgante que tenía el retrato de una mujer, Dayia. Sin duda, se trataba de Dayia Vanalund, la Suma Sacedotisa de Ruanon. ¿Qué relación había habido entre Lobo Gris y ella?
El otro objeto era un libro sobre linajes nobles de Sommerlund, que el Maestro se había llevado de la Biblioteca de Ruanon diez años atrás. En el libro se habían arrancado las páginas que hacían referencia a la familia Vanalund...

Era hora de volver a Ruanon, a completar las respuestas que faltaban. Pero en el camino de vuelta, fueron interceptados por guerreros de un clan de montañeses de las Durncrag. Los bandidos sabían exactamente donde encontrarlos, no había sido una casualidad. Los Señores del Kai se enfrentaron a estos jinetes que los superababn ampliamente en número y les vencieron tras una dura lucha.
Las respuestas que arrancaron a los prisioneros aumentaron sus preocupaciones. Los salvajes montañeses obedecían las ordenes de un caballero de Ruanon...

La vuelta a la ciudad les trajo la noticia de la muerte de la Suma Sacerdotisa. Toda la ciudad estanba de luto y preparando los funerales de la mayor autoridad eclesiastica de Ruanon. Ya no podrían preguntarle a ella sobre su relación con Lobo Gris.

Y esa noche, se internaron a traves de una entrada secreta en La Mano. Su objetivo era la Biblioteca, ya que puede que allí obtuvieran el original del libro que poseía el Maestro del Kai y por tanto, las páginas que faltaban...
Pero en la biblioteca a quien encontraron fue al Maestro Dragair...

El mago percibió a los Señores del Kai en la biblioteca, despues de todo, esa era su plaza fuerte, y decidió que ya era hora de deshacerse de ellos. Las sospechas quedaban por fin confirmadas, una conspiración de grandes proporciones se estaba fraguando en Ruanon, y el Maestro Dragair era uno de los que se encontraban detrás de ella.

Para sorpresa de todos, uniendose a los personajes contra Dragair, apareció el Fantasma, que resultó no ser otra que Irina Vanalund. La joven, adiestrada en secreto por Lobo Gris desde niña, descubrió de alguna manera los planes del Mago y había tratado de asesinarlo desde entonces. Si no había actuado abiertamente era debido a una promesa echa a su tía, Dayia Vanalund, pero al morir ella podía quitarse la mascara y llevar a cabo su venganza.

Esa noche, en la Biblioteca, tuvo lugar el enfrentamiento entre el poderoso mago y los Señores del kai, que lograron abatirle con gran esfuerzo, aunque al precio de la vida de Irina, que fue víctima de la magia de Dragair.

Tras el combate, y con los Señores el Kai heridos, entraron en la Biblioteca los arcabuceros y la guardia del palacio, que al ver la terrible escena llevaron a nuestros protagonistas detenidos a las mazmorras de La Mano.

DRÁGALIN

Mensaje por DRÁGALIN » 04-Jul-2005, 15:25

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Horario: Noche
Lugar: La Mano / En la cima de la Torre de la Guardia


La noche ha caido sobre Ruanon. En la Fortaleza que domina la ciudad, conocida como La Mano, las murallas son patrulladas por arcabuceros, con sus extraños uniformes rojos y negros, y con sus rifles de mecha al hombro.
No es probable que viesen la figura en lo alto aunque alzasen la vista hacia la Torre de la Guardia, la noche es demasiado oscura y la luna apenas es una rendija de luz semioculta entre nubes negras.

De pie, en la cúspide de la torre, el Helghast contempla la poderosa Fortaleza. El fuerte viento agita su gruesa capa de pieles medio podridas. En el interior de sus cuencas vacías, brillan dos llamas azuladas, con las que escudriña La Mano, en busca de sus presas.

Las horas que ha pasado esperando que se hiciese de noche le han parecido más largas que los cinco años encerrado en su celda. Él, como una criatura de Naar, de la oscuridad, es más poderosa cuando la maldita luz del Sol ha desaparecido. El tiempo que ha transcurrido desde que se liberó de su encierro lo ha aprovechado bien, aguardando la noche y recuperando sus fuerzas. Ahora vuelve a ser el que una vez fue, aquel Helghast al que el Lord Oscuro Zagarna le encomendó la misión de borrar de la faz de la tierra el linaje Vanalund...
Las razones para hacerlo no le interesaban demasiado al Helghast (sólo era la mano ejecutora), pero había oido que Naar le había concedido a Lord Zagarna una visión en la que contempló cómo uno de ese linaje podría convertirse en una peligrosa amenaza para los Señores de Helgedad...

El Helghast levanta sus manos cadavéricas y las contempla. Son la mismas manos con las que hace unos minutos ha aplastado el cráneo de su carcelero estos años, un humano llamado Hansen. El servidor de los Señores de la Oscuridad se pregunta por qué lo ha hecho, debería haber evitado muertes innecesarias mientras pudiera evitarlo, no arriesgarse a ser descubierto. Él es un Helghast, no un humano, no tiene sentimientos de ningún tipo, no entiende conceptos como la venganza, para él sólo existe su misión. Pero algo le había llevado a matar a su carcelero, y al hacerlo había sentido algo... bueno...
¿Sería posible que tras tantos años con humanos alrededor se le hubiera pegado algo de ellos? Eso era inaceptable...

Y sin embargo, cuando el servidor de Naar pensó en la matanza que iba a tener lugar esa noche, algo sucedió, algo que nunca había ocurrido en toda la historia de Magnamund...
...una sonrisa se dibujó en el rostro de un Helghast...

DRÁGALIN

Mensaje por DRÁGALIN » 04-Jul-2005, 15:27

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Horario: Noche
Lugar: La Mano / Las celdas negras


Oscuridad. En la oscuridad es díficil llevar la cuenta del tiempo que lleváis encerrados. En realidad, sólo ha pasado un día desde que os enfrentásteis al Maestro Dragair en la Gran Biblioteca, aunque parece que hayan pasado semanas...

Gavilán se levanta del sucio catre y, a ciegas, avanza unos pasos hasta apoyar las manos en los gruesos y oxidados barrotes de su prisión en las celdas negras.
Las llaman las celdas negras de La Mano. Donde estáis vosotros. Se trata de hecho de un pozo circular de unos seis metros de diámetro que profundiza en la roca nadie sabe cuánto, pero debe ser bastante.
En el perímetro exterior de este pozo, a distintas alturas y en diversos lados, se hallan excavadas las pequeñas celdas, de unos cuatro por cuatro metros de área, que sólo contienen un sucio jergón y un cubo que hace de letrina. La celda está cerrada con gruesos barrotes, y la puerta de hierro lleva cerradura. Más alla de la puerta, sólo está el pozo.

La única manera de llegar hasta cada una de las celdas que se encuentran a diferentes profundidades es un elevador construido con madera y metal, que ocupa todo el pozo y que baja hasta cada celda.
Por lo demás, las celdas son frías y húmedas. Y no hay luz. Nada. En ellas estáis en la más completa oscuridad. Tan sólo se oyen a veces los gritos y gemidos de otros reclusos, los que llevan tanto aquí que se han vuelto ciegos y locos con el paso del tiempo.

Cuervo reza con fervor mientras Dragón, en otra celda se sume en oscuros pensamientos. Gato escucha el goteo del agua en alguna parte, ya que le ayuda a medir el tiempo.
Desde que os llevaron aquí no habéis recibido ninguna visita. Ni han venido a interrogaros, ni os han traido nada de comer o beber, ni nada. Empezáis a temer que hayan decidido tirar la llave de vuestras celdas y olvidarse de vosotros. Pero tratar de huir de aquí parece algo casi imposible.
La puerta de hierro tiene una buena cerradura, y ninguno de vosotros posee las habilidades para forzarla, y la paredes del pozo están muy resbaladizas por la humedad del lugar, haciendo de la escalada algo complicado. Sin contar con que la oscuridad hace que las dificultades se multipliquen por diez al no ser capaces de ver nada.

Sin duda, vuestra mejor opción sería huir cuando alguien baje con el elevador. Estaréis desarmados, sí, pero por lo menos ya no estaréis en la oscuridad, y vuestros poderes psíquicos son vuestra gran ventaja. A pesar de ello, seguro que cuando vengan a por vosotros lo hacen con todas las precauciones posibles.

Habláis entre vosotros entre susurros, de una a otra celda, de un nivel a otro, planeando qué vais a hacer, cuando un estruendo metálico sacude el pozo y la gran cadena que cuelga en mitad del pozo empieza a moverse, y se oyen los traqueteos de engranajes allá arriba.
¡La plataforma elevadora está descendiendo!

DRÁGALIN

Mensaje por DRÁGALIN » 05-Jul-2005, 21:35

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Horario: Noche
Lugar: La Mano / Las celdas negras


Gato se encuentra en la celda más elevada, por lo que la plataforma llega primero a su altura. Parpadea ante la brillante luz de las antorchas, pero cuando recupera la visión no se encuentra a quien espera. En lugar de los arcabuceros, ante él está el depuesto jefe de la guardia de La Mano, Weyland Thorne, junto a cuatro guardias con antorchas y al carcelero de las celdas. Te fijas en que el carcelero, tiene el ojo hichado por un golpe reciente y cuando Thorne le da la orden, saca un manojo de llaves y abre la puerta de tu celda, aunque de mala gana y mascullando entre dientes.

Es indigno que les hayan arrojado aquí, mi señor. Te dice Weyland cuando sales de la celda. Tú le preguntas si os está ayudando a escapar, pero te responde que esperes a que libere al resto de tus compañeros.

Unos minutos más tarde, estáis todos en la plataforma, ascendiendo hacia la salida de estas celdas. Weyland os observa con sus ojos claros, con preocupación.

Me alegra que se encuentren bien. Las celdas negras son un pozo inmundo, reservadas sólo para los peores criminales. Es imperdonable que Furia ordenase que les llevaran aquí, pero ahora que es el jefe de la guardia de Palacio no nos quedaba otra opción que obedecerle... hasta ahora.

Al preguntarle cómo es que os está liberando, Weyland os dice que se trata de una acción unilateral suya, con la ayuda de los sargentos de la guardia que le son fieles. Nadie más sabe que los están sacando de las celdas negras.
Que quede entre nosotros, pero yo tampoco me fie nunca del Maestro Dragair, y creo la versión que contaron sobre que sólo se defendieron de él. No se que oscuro secreto descubrieron para que ese hechicero tratara de asesinarlos... pero debía ser algo terrible. Weyland sacude la cabeza. Pero no hay tiempo para hablar de eso ahora. Les debo explicar por qué les he liberado. Necesito su ayuda. Todos la necesitamos. El Helghast se ha liberado de su prisión, y sólo ustedes pueden detenerlo.

Ois con preocupación lo que os cuenta Thorne. Hace menos de media hora, ha sentido la muerte de Hansen. El guardia, en un agónico último mensaje telepático ha podido darle la noticia de la huida del Helghast. Lo primero que ha hecho ha sido movilizar a sus sargentos para que pusieran en alerta La Mano, y que protegieran a la familia Vanalund. Weyland no tiene ninguna duda de que el objetivo del servidor de Naar es el Barón y el resto de la familia.
Inmediatamente después se ha dirigido a las celdas negras para liberarlos, porque ¿quién mejor que unos Señores del Kai para enfrentarse a un Helghast? Además, estaba esperando cualquier excusa para poder ayudarlos.

Os quedáis helados al saber que el Helghast ha escapado ¿pero cómo? Entonces caeis en la cuenta. La celda que lo aprisionaba era mágica, y había sido creada por el Maestro Dragair, ¿pudiera ser que al morir él, la magia que mantenía encerrada a la criatura se fuera desvaneciendo? Eso podría explicar porqué el Helghast os ayudaba proporcionandoos información. ¡Quizás lo que siempre pretendió fue que os acabárais enfrentando al mago, para que al matarlo, él pudiera escapar!

La plataforma se detiene con brusquedad. Habeís llegado a la entrada del pozo, que se encuentra en los sótanos de la Torre de la Guardia. Cuando haceis ver a Weyland que estáis desarmados, el exjefe de la Guardia asiente
. Eso será lo más difícil, tenemos que ir a la armería, en el tercer piso de la Torre.

Pero al llegar al primer piso de la Torre os encontráis con una desagradable sorpresa.
Brandon Furia y una docena de sus arcabuceros. Apuntándoos.

El capitán de los arcabuceros aplaude con sus manos enguantadas, sonriente.
Enhorabuena. El intento de fuga iba perfecto hasta ahora.
Los hombres de Furia rien la gracia, pero Weyland alza las manos y grita a Brandon.
¡Maldita sea Furia! ¡Necesitamos a estos Señores del Kai! ¡El Helghast ha escapado, lo sabes!
Lo se. Replica Brandon. Me acaban de infomar que han encontrado el cadáver de Hansen.
Entonces tienes que escucharme. Continua Weyland, desesperado. Tienes que devolverles sus armas encantadas a estos Señores del Kai. Con ellas podemos tener más oportunidades de detener a la criatura. Además, ellos son capaces de descubrirlo aunque se haga pasar por otra persona. Son los únicos que pueden, y lo sabes.

Brandon Furia parece pensarlo por un instante. Después, con una sonrisa, hace un gesto con la mano y los arcabuceros dejan de apuntaros.
De acuerdo. Les devolveré sus armas y les daré vía libre... pero en cuanto a ti. Dice señalando a Weyland. Tendrás que responder por liberarlos sin mi permiso, y pagar por ello. En cuanto a vosotros, Señores del Kai. Os mira directamene, y su sonrisa se hace más peligrosa si cabe. Dadme ahora vuestra Palabra de honor de que en cuanto destruyamos al Helghast, volveréis voluntariamene a vuestras celdas, a la espera de vuestro juicio.

DRÁGALIN

Mensaje por DRÁGALIN » 10-Jul-2005, 18:04

Todos los Personajes Jugadores
Horario: Noche
Lugar: La Mano / Torre de la Guardia


El jefe de los arcabuceros escucha vuestra negativa a volver a las celdas negras. Si tenéis que esperar un juicio lo haréis en vuestras habitaciones, no en esta inmunda cloaca.
De acuerdo. Espero que hagáis honor a vuestra palabra cuando todo esto haya terminado. Dicho esto se dirige a Weyland. Llévalos a la armería a por sus armas, y después dirigíos a la Torre del Barón. Mientras, mis hombres y parte de la guardia realizaremos una batida por el palacio.

Brandon Furia y sus arcabuceros se van, mientras vosotros seguís a Weyland hasta la armería. Mientras subís las escaleras de la torre no podeis evitar pensar que Furia ha usado vuestro honor como Señores del Kai en contra vuestra, para evitar que se os pase por la cabeza tratar de huir en cuanto esto acabe. Si es que acaba.

Tratáis de recordar todo lo que sabéis acerca de los más peligrosos servidores de los Señores de la Oscuridad. Los temidos Helghast.
En primer lugar, no pueden ser destruidos con armas ordinarias, lo que quiere decir que para combatirlos son necesarias armas encantadas, por medio de hechizos o por estar benditas. Aun así, estas criaturas podrían ser afectadas (aturdidas, derribadas o detenidas momentáneamente) por heridas graves.
Todos recordáis la historia de un Señor del Kai que logró aniquilar a un Helghast sin armas mágicas, cuando logró desmembrarlo con ayuda de una afilada guadaña. Aun así, los pedazos del ser seguían intentando atacarlo por separado, de manera que tuvo que trocearlo en pequeñas partes y por último prenderle fuego para acabar con él.

Al llegar a la armería, os encontráis con dos arcabuceros y dos guardias ante la pesada puerta reforzada. Los arcabuceros entran y vuelven con vuestras armas mágicas, aunque ninguna más ni nada del resto de vuestro equipo, que según dicen, no está aquí. Como no hay tiempo para discutir, aceptáis a regañadientes lo que os ofrecen, aunque a Cuervo y Gato, que llevan armas a una mano, les permiten hacerse con escudos de madera endurecida reforzados con planchas de acero. Y para Dragón le dan un carcaj con veinte flechas.

Con vuestras armas en las manos os volvéis a sentir completos... Cicatriz, Cortavientos, Inquisidora y Kamikaze.
Sin embargo, Dragón examina su arco con preocupación. No lo ha dicho a nadie, pero aunque la magia de Kamikaze hace que sea muy difícil errar un tiro con él, las flechas que dispara son normales, y por lo tanto no pueden ser usadas para destruir a la criatura, como mucho podrán detenerla momentáneamente.

Bajáis de nuevo al primer piso de la Torre de la Guardia y salís al patio exterior, iluminado con antorchas. A vosotros y a Weyland se os unen otros ocho guardias, armados con espadas y ballestas. Vuestro grupo se dirige hacia la Torre del Barón.

Seguís repasando mentalmente todo lo que sabéis de los Helghast:
Son seres con gran inteligencia, y poderosos guerreros que no sienten ni el cansancio ni dolor al sufrir heridas. Si a esto sumamos que son inmunes a los ataques psíquicos pero que pueden utilizarlos tan bien como un señor del Kai nos encontramos ante un enemigo terrible. Además, un Helghast jamás estará desarmado, ya que puede invocar el fuego de Helgedad cuando se le antoje y usarlo contra sus enemigos.

Pero la facultad más peligrosa de estos engendros es la de cambiar de forma. Su apariencia real es la de un cadáver esquelético y desecado, pero a voluntad pueden adoptar la apariencia de cualquier humano normal. Descubrirlos bajo esta apariencia no es fácil. Los Señores del Kai pueden hacerlo, gracias a su disciplina de Sexto Sentido, y los animales también pueden presentirlos en ocasiones. Este poder de camuflaje ha servido a los Helghast para infiltrarse sin despertar sospechas por todo Sommerlund durante siglos.

Recordáis lo que os contó el barón sobre lo que pasó hace cinco años. Durante esa fatídica noche, el Helghast asesinó a un miembro de la Guardia Personal del Barón, casi mató a sir Tydon Anskar deformándole la cara con su fuego demoniaco, además de asesinar a ocho guardias de palacio y a seis sirvientes.
Durante la lucha, Lobo Gris fue herido y perdió un ojo a consecuencia de las heridas. Si lograron derrotarlo fue gracias tanto al Maestro del Kai como a la magia del Mago Dragair.
Pero en esta ocasión no hay un Gran Maestro del Kai ni un poderoso Hechicero para hacer frente al engendro de la oscuridad... sólo vosotros.

Atravesáis un gran arco bajo las murallas que da a otro patio. Ya podeis ver la fortificada Torre del Barón. Mientras, Weyland os informa de las medidas que ha tomado:
Todos los habitantes del Palacio han recibido la orden de encerrarse en sus habitaciones y no salir bajo ningún concepto hasta que acabe la crisis. Además, tanto la guardia como los arcabuceros tienen ordenes de ir siempre en grupos de al menos cuatro. Si alguna patrulla encuentra a alguien sólo, tienen orden de retenerlo y pedir refuezos para comprobar que no sea el Helghast camuflado.

Cuando le preguntáis sobre el Barón, Weyland os dice que la familia Vanalund están en sus habitaciones privadas en la Torre del Barón. La Guardia Roja supervisa su seguridad. El único que no se encontraba en la Torre en el momento de dar la alarma era Aladar Vanalund, pero ha enviado a una docena de hombres al mando de Brendan Furia a buscarlo, por lo que ya debe estar de nuevo en la Torre del Barón.

Como bien sabéis, la única manera de acabar eficazmente con el Helghast es utilizando armas encantadas. Weyland Thorne os dice que, aparte de vosotros, los únicos que poseen armas mágicas son el Barón y su Guardia Personal. El mismo Weyland y cuatro de sus sargentos poseen espadas bendecidas por clérigos, por lo que podrían dañar a la criatura. Además, parece que Brandon Furia, el capitán de los arcabuceros, posee cierta munición “especial”.
Además de las armas mágicas y como medida de precaución, el acceso a la Torre del Barón está vigilado por perros de caza al mando el encargado de las perreras. Puede que sean capaces de detectar al Helghast si trata de acercarse.

Os encontráis a mitad del patio anexo cuando se empiezan a oir disparos y gritos. ¡Proceden del patio frente a la Torre del Barón! Correís a toda velocidad hacia allí, con Weyland y sus guardias pisandoos los talones, comprendiendo que el Helghast debe estar intentando acceder a la Torre.
Atravesais otro arco bajo la muralla y entráis en el gran patio de entrenamientos.
Lo que veis os deja horrorizados.
[/i]

DRÁGALIN

Mensaje por DRÁGALIN » 10-Jul-2005, 18:06

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Horario: Noche
Lugar: La Mano / Patio Exterior


La Torre del Barón es la más grande (aunque no la más alta) de todas las Torres de la Mano. Está rodeada de un foso de picas de hierro y se accede por medio de un puente levadizo protegido con rastrillos. Se trata de hecho de una pequeña fortaleza más que una simple torre. Frente a ella se encuentra el Palacio, y separándolos, un gran patio que se utiliza para los entrenamiento de la guardia y de los caballeros.

Ahora mismo, frente al puente levadizo, hay como una decena de hombres heridos o agonizantes, tanto por quemaduras como por tajos de espada. El hedor de carne quemada, de la sangre y de la muerte llenan el aire nocturno. Guardias y arcabuceros atienden a los heridos lo mejor que pueden, mientras otros hacen guardia en la entrada. Contempláis también muchos perros agonizantes ante el puente, y otros que ladran o aullan de manera escalofriante.
Cuando os aproximáis al desastre, os fijáis en sir Brendan Furia, sentado en el suelo, sudoroso y con una hemorragia nasal importante que trata de controlar, pero el que se acerca a vosotros es el Comandante de la Guardia Personal del Barón, sir Alistair Grey, que lleva desenvainado un espadón de acero rojo.


¡Thorne! Dice sir Alistair. Ha intentado entrar, pero lo hemos impedido... Entonces os mira a vosotros. Los Señores del Kai... ¿pero no estaban...?
No. Lo interrumpe Weyland. Los hemos liberado para que nos ayuden. Por favor mi señor, decidnos lo que ha pasado aquí.

Sir Alistair asiente y empieza a hablar. Hace tan sólo unos pocos minutos, llegó sir Brendan y diez guardias, escoltando a Aladar Vanalund hasta la Torre del Barón. Pero cuando se encontraban ante el puente levadizo los perros se pusieron a ladrar como locos. Habían olido al Helghast.
Lo que siguió fue muy rápido y confuso. El Helghast debió lanzar un terrible ataque psíquico que afectó a todo el grupo y a los perros que se lanzaban contra él. Muchos hombres quedaron aturdidos o inconscientes, los perros cayeron fulminados, y un momento después, la criatura (un cadaver desecado con ojos de fuego, cubierta por una capa de pieles negras) se encontraba con una espada envuelta en llamas azules repartiendo tajos a diestro y siniestro.
Afortunadamente el grupo de sir Alistair (seis arcabuceros y diez guardias con ballestas) no se vieron afectados por el ataque mental y defendieron su posición, obligando al Helghast a huir. A pesar de ser alcanzado por varios disparos y acribillado a dardos, la criatura huyó a toda velocidad, entrando al palacio a través de un ventanal que destrozó.

Weyland, como vosotros, escucha con atención el relato de sir Alistair. Pero plantea una pregunta que ya os estábais haciendo.

Pero... ¿dónde está Aladar? ¿Dónde está el Heredero?
Sir Alistair le responde abatido. Era el Helghast. La criatura había tomdo su forma. No sabemos dónde se encuentra el verdadero Aladar Vanalund...

Vosotros compartís una mirada preocupada. Conoceis las tácticas de los Helghast, y una de las principales es eliminar a aquellos de los que copian sus formas.

Weyland Thorne masculla una maldición y comienza a ladrar ordenes, junto con sir Alistair.
Se forma un grupo de cuatro guardias, con sir Brendan Furia al frente, para ir a buscar al Heredero y saber qué ha pasado con él.
Otros guardias van a traer aquí al Maestre Clian, para atender a los múltiples heridos, y otra patrulla va a las perreras, en busca de más perros y de alguien que pueda manejarlos, ya que uno de los muertos es el encargado de las perreras.
Mientras, otros guardias apartan a los cadaveres o llevan a los heridos al interior de la Torre del Barón.

A vuestro alrededor el caos ya se ha desatado. Es hora de actuar. La noche del Helghast ya ha comenzado.

Fantasma Grunweazel

Mensaje por Fantasma Grunweazel » 11-Jul-2005, 20:12

Me dirijo a Brendan furia y le hago saber que deseo acompañarle:

-Contad conmigo para buscar al Heredero, quiera la voluntad de Kai que lo encontremos vivo. Estoy seguro que así será, pero cada instante es precioso...

Jolan

Mensaje por Jolan » 11-Jul-2005, 20:39

Del relato de Alistair deduzco que la intervención de los perros ha sido fundamental. De no ser por ellos, es muy posible que nadie hubiera reparado en la intrusión del helghast en la mismísima torre del Barón, con consecuencias fatales.

Estos nobles animales son especialmente habilidosos en detectar presencias malignas. Sin embargo, observo con consternación que uno de los muertos es el encargado de las perreras. Si algo aprendí en mi infancia en los bosques de mi Tyso natal es la inteligencia de la naturaleza a la hora de rechazar a las fuerzas de la oscuridad.


- Creo que acompañaré a los guardias a traer nuevos perros. - digo a mis hermanos. - Pueden resultarnos muy útiles, y espero poder transmitirles instrucciones precisas en cuanto a la amenaza que se nos presenta, ahora que se han quedado sin la guía de su cuidador.

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Parsion
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Mensaje por Parsion » 11-Jul-2005, 20:39

El ver las intenciones de mis compañeros de permanecer fuera del Palacio me hace dudar por unos momentos, pero en cuanto Gato Alado se anima a adentrarse, le sonrío y alzo en el aire mi hacha, con orgullo y con un poco de pretenciosidad ante Thorne, Alistair, Furia, los arcabuceros y demás guardias.

-Vayamos al interior, estas armas están bendecidas por la mano del Altísimo y yo ya tenía ganas de ajustarle las cuentas al maldito engendro ese.
¡EL SEÑOR DEL KAI HA VUELTO!

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Mensaje por JDKaos » 11-Jul-2005, 21:24

Miro con preocupacion a los heridos, luego con mas preocupacion miro mi vaina vacia sin mi fiel espada magica que me compre hace poco, me encogo de hombros y decido curar a los heridos, tal vez tengan alguna informacion importante, y quizas alguno de ellos me preste alguna que otra espada magica, y despues de todo tengo mi fiel arco, que a falta de pan...
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DRÁGALIN

Mensaje por DRÁGALIN » 14-Jul-2005, 21:40

Gavilán Temerario
Horario: Noche
Lugar: La Mano / Barracón de las perreras


Antes de ir hacia las perreras ordenas a los guardias que retiren los cadáveres de los perros, ya que podrían asustar a los que traigáis. Y no te molestas en ir a buscar al par que ha huido, no tienes tiempo para ello.
Los guardias que te acompañan te explican que aun debe de haber una docena de mastines al menos en las perreras, y que aunque el encargado ha muerto, su hijo podría encargarse de ellos.

O yo mismo. Piensas para tus adentros. Tu maestría en la disciplina Empatía Animal te permitirá poner a los animales bajo tus ordenes directas.

Las perreras están en un gran barracón en el patio principal de La Mano (frente a la entrada). Avanzáis todo el camino por los patios de la Fortaleza. De cuando en cuando echas un vistazo a las murallas donde los arcabuceros recorren en grupos el perímetro, iluminados con antorchas. De momento, tu sexto sentido no te advierte de ningún peligro.

El patio principal está desierto cuando llegáis enfrente del barracón. Antes de entrar, te concentras en busca de peligros...

A pesar de no percibir nada peligroso en el gran barracón, entras con cuidado, con Cortavientos en posición de ataque. Detrás de ti, los cuatro guardias te cubren con sus ballestas preparadas.
Dentro del barracón una chimenea medio apagada es la única iluminación. Todo está en silencio y es precisamente eso lo que te extraña. Corres hacia las perreras para encontrar a todos los mastines muertos en ellas.


Hijo de puta... Maldices, mientras observas a los fieles animales en el suelo. Todo debe de haber ocurido hace unos pocos minutos. Comprendes que el Helghast debe de haber usado de nuevo sus poderes psíquicos para matarlos, ya que estos animales son muy sensibles a este tipo de ataque.

Uno de los guardias te avisa para que te acerques. En una habitación anexa dormía el hijo del encargado de las perreras. El chico yace empapado en sangre sobre el jergón, le han atravesado de parte a parte seguramente con una espada. La sangre todavía fluye de la espantosa herida.

Sales de la tumba en la que se ha convertido el barracón mientras piensas en lo ocurrido. El Helghast sabe exactamente lo que esta haciendo. No se mueve al azar. Los mastines suponían un problema para él y los ha eliminado. Así de simple.
Estás seguro de que ese engendro tiene algún plan en mente. ¿Acaso no os dijo que sus ojos y sus oidos veían más allá de su prisión? Sin duda sabe como moverse y conoce a la perfección esta Fortaleza.
¿Dónde habrá ido ahora? Si lograses anticiparte a sus movimientos seguro que podriais ganarle por la mano.
Los guardias te miran preocupados y te sacan de tus cavilaciones.
¿Qué hacemos ahora, mi señor?

DRÁGALIN

Mensaje por DRÁGALIN » 14-Jul-2005, 21:42

Cuervo Vigía / Gato Alado
Horario: Noche
Lugar: La Mano / Bosque de Ishir


Moviendoos con rapidez, vosotros dos, Brendan Furia y cuatro guardias con ballestas entráis al interior del Palacio.
Furia os explica que el Heredero se encontraba practicando esgrima en el Bosque de Ishir, de manera que esa es la primera zona donde buscarán, para después ir abriendo el radio de búsqueda, si es necesario habitación por habitación.

Furia esgrime sus armas, dos espadas cortas, mientras os precede por los corredores. Podéis percibir la ira que desprende, por una vez parece que se le ha borrado su eterna sonrisa. Recordáis que él, como miembro de la Guardia Roja ha consagrado su vida a la protección el Barón y su familia, y por lo que sabeís, Aladar Vanalund podría estar ya muerto en estos momentos.
En el camino os encontráis con un par de patrullas de arcabuceros que están peinando el Palacio. Brendan las detiene para que corra la noticia de que están buscando al hijo primogénito del Barón, y que se lo comuniquen al capitán de los arcabuceros. Mientras vosotros dos tratáis de percibir cualquier rastro del Helghast, pero sin resultados.

De pronto os encontráis de nuevo al aire libre, en el bosquecillo del interior de La Mano conocido como Bosque de Ishir. Brendan os hace separar en tres grupos para cubrir más terreno y tratar de encontrar cualquier pista.

Rastreando entre los árboles, a Cuervo le llega un olor conocido. Lo sigue hasta que llega un árbol con el tronco cubierto de algo pegajoso. Pero no es savia. Es sangre.

Gato es el primero en llegar hasta Cuervo y ver lo que señala arriba. Los peores temores se confirman. El cadáver de Aladar Vanalund está en las ramas superiores, el Helghast le ha desgarrado la garganta de manera grotesca, de manera que la cabeza pende del cuello apenas por unos pocos músculos.
Apartáis la mirada mientras los guardias y Brendan Furia llegan y quedan horrorizados al ver la escena. Furia, en concreto, cae de rodillas y empieza a golpear el suelo de tierra con el puño, impotente.

Gato recuerda cuando conoció a Aladar en el patio hace unos días, y en la pelea de entrenamiento que tuvieron con armas de madera. En aquel momento el chico le pareció altivo y arrogante, defectos propios de la nobleza, pero ¿merrecía morir de esta manera? No. Nadie merece que lo mutilen así.

Uno de los guardias ayuda a Brendan a levantarse mienras le pregunta que van a hacer. Brendan se quita la capa roja y ordena a los guardias que bajen el cuerpo al suelo y que lo envuelvan en ella.

Y después. Dice con la voz ronca. Llevaremos el cuerpo a la Torre del Barón. Porque he de decirle que su hijo primogénito y Heredero ha muerto...

DRÁGALIN

Mensaje por DRÁGALIN » 14-Jul-2005, 21:45

Dragón Carmesí
Horario: Noche
Lugar: La Mano / Patio Exterior


El panorama que ha dejado el Helghast es terrible. Dos muertos y siete heridos, cinco de ellos de gravedad. Las heridas son todas de espada y quemaduras. ¿No os ha dicho sir alistair que el Helghast atacaba con una espada en llamas? Te preguntas como es que ese engendro ha dejado tantos heridos y tan pocos muertos...
Lo único bueno que tiene eso es que el fuego practicamente ha cauterizado las heridas y no tienes que preocuparte de pérdidas de sangre, aunque sabes que las quemaduras graves son un peligro a largo plazo, ya que se infectan con facilidad.

Weyland te ayuda a acomodar a los heridos en el suelo. Por el momento, lo único que puedes hacer es inducirlos a la inconsciencia para evitarles el dolor e imponer tus manos sobre ellos para que las heridas y quemaduras comiencen a cicatrizar. Pero ves que son demasiados. Habría que llevarlos bajo techo, y tratar las quemaduras con paños fríos.
Cuando pides ayuda a los hombres de sir Alistair que están apostados en la pasarela que leva a la Torre del Barón, él te responde con una negativa. No va a prescindir de ninguno de sus hombres en estos momentos, pero acepta que Weyland vaya al interior de la Torre para que sirvientes se ocupen de tranportar a los heridos adentro.

Casi no te das cuenta cuando vuelve Weyland de lo ocupado que estás tratando a los guardias caidos, pero te alegras cuando te dice que unos criados vienen ahora a llevarse dentro a los heridos.

Y mire. Te dice. Ya viene más ayuda.

El Maestre Clian aparece en el patio acompañado por cuatro guardias, llevando sus unguentos y pócimas de curación.

Un momento. Ese no es el Maestre Clian...
Todo sucede muy rápido. En cuanto el Maestre te ve, se detiene...

...Y a su alrededor los guardias se llevan las manos a la cabeza entre aullidos de dolor mientras caen al suelo, alrededor de la figura esquelética cubierta por una capa de pieles negras. El Helghast.

Fantasma Grunweazel

Mensaje por Fantasma Grunweazel » 14-Jul-2005, 22:44

Aunque no es el primer cadáver que veo en mi vida me siento golpeado por la visión de lo que hace nada era un cuerpo lleno de vida y con un brillante futuro por delante. Era, sin lugar a dudas, un buen guerrero, pero no lo suficiente para librarse de la bestia infernal que acabó con él. Espero que al menos tuviera un final piadosamente rápido. Vuelvo la cabeza hacia Brendan Furia:

-Estoy de acuerdo,el Barón debe ser informado inmediatamente de la suerte de su hijo. Ahora que sólo queda un heredero a la Baronía, el joven aprendiz Dan, hay que proteger su vida a toda costa. Debe llevarnos ante el Barón inmediatamente.
Última edición por Fantasma Grunweazel el 14-Jul-2005, 23:01, editado 1 vez en total.

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Mensaje por Parsion » 14-Jul-2005, 22:58

Miro fijamente la dantesca imagen del heredero casi decapitado, la situación se pone muy difícil, esa mala bestia quiere acabar uno a uno con la dinastía Vanalund, la orden de Gato Alado me saca de mis pensamientos, mirando inquisitivamente a Brendan Furia, y para dar más apremio y urgencia a lo que le estamos pidiendo, con voz alta, firme y autoritaria, le exhorto:

-¡vamos, deprisa!
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Mensaje por JDKaos » 14-Jul-2005, 23:11

El helgasht mira sonriente mientras los herbolistas caen al suelo entre gritos del dolor, entonces el tiempo se ranteliza, Weyland parece una estatua mientras intenta sacar su espada, el helgasht es como la muerte mientras sonrie y avanza, y alzandose ante el esta Dragon, apuntando con su arco al corazon del horrible monstruo, en su interiro Dragon duda, sabe que puede pararlo pero no matarlo, y que el helgasht solo necesita un ataque contra el para matarlo, mientras Dragon apunta, lanza su ataque psiquico contra el monstruo, pero este ni se inmuta mientras sonrire:

- "En serio crees que vas a detenerme con un ataque se ese tipo Señor del Kai, deja lo que te enseñe que es una ataque psiquico de verdad"

Durante un instante parece que el viento se ondula mientra el ataque se estrella contra Dragon, sin embargo este ni siquiera pestañea:

"Vaya parece que no eres el unico que es inmune a esto ataques"

Y con una sonrisa de triunfo malevola disparo...

El combate acaba de comenzar...
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DRÁGALIN

Mensaje por DRÁGALIN » 16-Jul-2005, 18:29

Dragón Carmesí
Horario: Noche
Lugar: La Mano / Patio Exterior


El Helghast tiene de pronto en su mano la ballesta cargada de uno de los guardias caídos. La levanta mientras el dardo cargado en ella se inflama con el maligno fuego de Helgedad. Quiere matarte, pero no porque te odie ni porque seas un Señor del Kai, sino simplemente porque eres el único aquí capaz de descubrirlo cuando toma una apariencia falsa.
Pero tu eres más rapido. La flecha disparada por Kamikaze vuela certera a través de todo el patio.

Es un disparo pefecto. La flecha se incrusta hasta las plumas a la altura del corazón. El Helghast sale trastabillando hacia atrás mientras su ballesta cae inutil al suelo. Sólo la pared a su espalda terminan por detener su retroceso. Ha sido un disparo que hubiera matado a cualquier hombre.
Pero un Helghast no es un hombre.

De pronto empieza a moverse de nuevo, a toda velocidad, mientras trata de meterse en el arco bajo la muralla por el que ha venido.

¡NO! Gritas mientras vuelves a disparar. Pero en esta ocasión el Helghast se mueve en el último momento y el disparo que iba dirigido a su cabeza se incrusta en su hombro, mientras desaparece de vuestra visión al pasar al patio anexo.

Por un momento te sientes tentado de empezar a correr y perseguirle, pero te contienes, seguro que es eso lo que él querría. Si quiere tratar de entrar en la Torre de nuevo, que venga. Tú lo estarás esperando. Y Kamikaze también.

DRÁGALIN

Mensaje por DRÁGALIN » 16-Jul-2005, 18:31

Todos los Personajs Jugadores
Horario: Noche
Lugar: La Mano / Patio Exterior


Al llegar de nuevo ante la Torre del Barón, Dragón os cuenta lo sucedido, y comprendéis que es muy probable que el Maestre Clian haya sido asesinado por el Helghast.
Gavilán os relata la masacre de los perros y sus sospechas sobre que la criatura actúa en base a un plan. Este nuevo ataque confirma sus sospechas. Es muy probable que durante el primer ataque dejase tantos heridos a propósito, ya que de esa manera se vieran obligados a llamar al Maestre Clian, para tratarlos.

Mientras, Brendan Furia habla en voz baja con sir Alistair, al cual se le queda el rostro blanco al conocer la muerte del Heredero.
A vuestro alrededor, los guardias y arcabuceros que quedan se organizan en torno al puente levadizo que da acceso a la Torre, sólo dejando pasar a los criados que ayudan a trasladar a los heridos y muertos al primer piso de la Torre y de esa manera despejar el patio.
Los hombres están nerviosos. El Helghast lo ha intentado dos veces y es posible que vaya a por la tercera. Mientras vosotros os concentrais en los alrededores, pero sin detectar ninguna presencia maligna.

Sir Alistair empieza a rugir ordenes. Manda a Brendan Furia y a una patrulla de guardias de nuevo a Palacio (suponéis que para hacerse cargo del cuerpo de Aladar) mientras que al resto de hombres, una veintena mas o menos, les ordena montar guardia en el puente de aceso y no permitir el paso a nadie, sea quien sea.
Después se dirige al interior de la Torre. No hace falta que os diga que va a comunicarle al Barón la muerte de su hijo primogénito.

Antes de que se vaya, le pedís ir con él a ver al Barón. Sir Alistair lo medita por un instante y luego accede. Los cinco atravesais el puente levadizo y entráis en la Torre.

Jolan

Mensaje por Jolan » 18-Jul-2005, 0:41

A pesar de que convengo que lo apropiado es que hablemos con el Barón cuanto antes, no puedo evitar echar una mirada hacia atrás al cruzar el puente levadizo. El helghast ya lo ha intentado dos veces y no dudará en volver a hacerlo. Casi el único obstáculo a su acceso a la torre del barón somos nosotros, los únicos capaces de detectar su malvada presencia, y ahora que dejamos libre la entrada, pienso que puede tenerlo más fácil, por mucho arcabucero que la custodie.

Por otra parte, tampoco me quito de la cabeza el mazazo que va a resultar para el Barón la noticia que sir Alistair, al que acompañamos, va a comunicarle: la pérdida de su hijo y heredero, a manos de una criatura del averno a la que han tenido retenida durante un lustro en su propio palacio...

DRÁGALIN

Mensaje por DRÁGALIN » 18-Jul-2005, 19:58

Todos los Personajes Jugadores
Horario: Noche
Lugar: La Mano / Torre del Barón


El primer piso de la Torre del Barón posee una amplia entrada donde, apoyados en las paredes, están los guardias heridos por el Helghast en sus ataques, atendidos por sirvientes que hacen lo que pueden. También han trasladado a los muertos aquí, envueltos en sus capas y alineados en un lado.

Apenas os podeís detener ya que sir Alistair sube rápidamente por unas amplias escaleras de caracol al segundo piso. Acompañados por Weyland Thorne, os apresuráis a seguirlo.
El siguiente piso está ocupado prácticamente por la sala de audiencias, que atravesáis a grandes zancadas. Gato recuerda cuando espió la reunión del Consejo Privado del Barón en la que se anunciaba el enlace matrimonial entre Aladar Vanalund y la hija del rey Ragnar de Sommerlund. Un matrimonio que ya nunca se celebrará.

El siguiente piso son ya las habitaciones privadas del Barón y su familia. Ante unas dobles puertas, monta guardia sir Tydon Anskar, con su enorme hacha de doble filo. Sir Alistair se acerca al gigantesco miembro de la Guardia Roja y le pide que ocupe su puesto en el puente levadizo. Sin decir una palabra, Tydon os deja, aunque desde detrás de su máscara, sus ojos animales no dejan de observaros.

Sir Alistair os pide que esperéis un momento, ya que prefiere darle la noticia de la muerte de su hijo en privado. Dicho esto, entra en la estancia y cierra las puertas.
Pasan unos minutos que os parecen eternos hasta que sir Alistair vuelve a salir.
Os dice que ahora podeis pasar, aunque sólo un momento. Os deja a cargo de Weyland, y le ordena que después os lleve de nuevo a la entrada de la Torre, para planificar la estrategia a seguir. Con esto, sir Alistair os deja, para hacerse cargo de nuevo de la guardia en el puente levadizo.

Con delicadeza, Weyland abre las dobles puertas y pide permiso para entrar. Desde dentro, la voz del Barón Derek se lo concede. Pasáis a una amplia estancia iluminada con velas, antorchas y el fuego de una chimenea, pero sin ventanas. La decoración es lujosa, digna del Barón de Ruanon, el cual está sentado en una sencilla silla de madera, ataviado con una cota de mallas y con la espada desenvainada sobre las rodillas. Su rostro está pálido y muestra su sufrimiento interno.
Aparte del Barón, en la sala hay varias sirvientas, y os dais cuenta que en un extremo hay una cama ante la cual está el hijo pequeño del Barón, Dan, de nueve años.
Dan sostiene la mano de la persona que está postrada en la cama, una muchacha muy pálida y que parece dormir profundamente. ¡Es Irina Vanalund! ¿Pero no la había asesinado el Maestro Dragair con su magia?

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