La sangre de los zombis

Si te atreves a ponerte en la piel de un Señor del Kai, si te crees capaz de desafiar a los Señores de la Oscuridad, o si deseas simplemete pasar un buen rato, entra y asume el riesgo... pero quedas advertido...
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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 20-Oct-2016, 18:55

Ella abre la boca y la vuelve a cerrar. Parece que comprende que estás decidido. Prosigues con tu explicación interrumpida, no vaya a ser que vuelvas a flaquear en tu resolución.

-Veamos. Si salimos afuera, al patio, o vamos por el pasillo de la derecha hasta la puerta, nos dispararán. Por el otro lado la puerta del garaje está cerrada y no podemos salir por ahí. He pensado hacer una cortina de humo, pegándole fuego a los papeles y todo esto — haces un gesto con la mano abarcando la oficina — Con el humo, si no me ven, no me pueden disparar, y espero poder acercarme lo bastante para subir la escalera al balcón donde está Durr y dispararle y tomar la ametralladora para usarla. Con Durr muerto creo que sus guardias huirán o se rendirán.

— Entiendo, pero ¿no será el fuego peligroso? ¿No se extenderá y se quemará todo el castillo? — pregunta Ania dubitativa, no parece estar muy convencida de que sabes lo que haces, lo que te resulta algo molesto después de todos los peligros que has superado.

- No creo, los muros son de piedra y aquí en la planta baja no hay papel pintado. La alfombra parece que es de tela resistente al fuego y aunque se queme creo que no se extenderá el fuego. Tampoco creo que el fuego sea lo bastante caliente para afectar a la estructura del piso de arriba... Necesitaré tu ayuda para sacar los libros y papeles y todo lo que arda al pasillo, estoy cansado.

— De acuerdo, ¿cuando empezamos? - dice animada.

(continuará)
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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 20-Oct-2016, 23:58

- Todavía no. Hay más. Mi plan sería mejor si pudiera abrir las puertas de la jaula para soltar a los infectados.

—¿Qué? ¿Soltar a los leprosos? ¡Estás loco!

- Todos me dicen eso. Escucha. Es usar su misma arma contra ellos. Si los soltamos, correrán en masa hacia la salida, Durr y sus matones tendrán que disparar contra ellos. Si están ocupados y distraídos matándolos, no podrán disparar contra mí. Con el ruido, el humo y la confusión tengo muchas más posibilidades de acercarme hasta Durr y matarlo.

— Pero... ¿no extenderán la peste?

- No, porque no lograrán salir del castillo. La puerta está cerrada.

— Y si.. ¿alguno se escapa y va a por nosotros?

- Es un riesgo que hay que correr, pero creo que con la ametralladora de Durr y las armas de los otros acabarán con todos ellos en un minuto. Pero es un minuto valioso para mí. El problema es que no sé cómo salir para abrir las puertas y no me vean. El humo podría ayudar, pero es arriesgado. Creo que necesitaré tu ayuda.

— ¿Mi ayuda?

- Sí, si quieres que mate a Durr y volver a casa tendrás que arriesgarte. Lo siento, pero no puedo hacerlo solo. — ves su expresión preocupada y la tranquilizas — No te asustes. Durr no te disparará. Te quiere viva. De todas formas no sé todavía cómo podrías salir ahí fuera sin exponerte demasiado ni que sospechen algo, así que eso lo dejaremos de lado por ahora.

Ania parece aliviada y asiente. Pero por la forma en la que juguetea inquieta con la cadena del relicario te muestra que no está muy convencida de que tu plan vaya a funcionar. La verdad es que asaltar un nido de ametralladora a pecho descubierto es algo muy peligroso y al exponerlo en voz alta no parece tan buena idea como en tu cabeza. Está asustada y su miedo es contagioso y está minando tu confianza. O quizá sea también porque siempre te pones nervioso cuando hablas con una chica guapa.

Tratas de pensar en otra cosa y piensas en cómo encender el fuego. En el almacén cogiste además de la cuerda y otras cosas, una caja de cerillas. ¿Dónde estaba? Empiezas a rebuscar en la mochila.

Sacas la ropa, la botella de agua, la cámara de fotos de Ania, que dejas a un lado, contemplas pensativo el gancho de carnicero que sacaste de la cámara frigorífica... si tuvieras una cuerda igual podrías escalar el foso. Lo tiras sobre la mesa. Sigues hurgando ... sacas un rotulador, un lápiz roto que debió quebrarse con alguno de los golpes y caídas...una lupa rajada, por lo mismo, ¿dónde están las malditas cerillas?

Harto, le das la vuelta a la mochila y la sacudes. Caen billetes de dólar que se desparraman por la mesa, ¡por fin! ¡las cerillas!, y algo que rebota con un ruido duro y se cae de la mesa. Coges la cajita y te inclinas a recogerlo de la alfombra... miras extrañado un llavero de cuero con una chapa, y jugueteas con él sin comprender de dónde salido. Son las llaves de un Austin Healey, deben ser del deportivo de Durr, te habías olvidado de ellas, ¿de dónde las sacaste? Ah, sí, las encontraste en una caja fuerte en la sala de juegos. El viejo al que mataste, el tal Watson, el secretario de Durr o algo así, tenía la llave.

Tener las llaves de un coche para la huida no te sirve de nada si no puedes salir de aquí, las tiras sobre la mesa. Ania, sumida en sus pensamientos, se sobresalta y pregunta:

— ¿Qué es eso?

- Sólo las llaves del coche.. — dices ocupado en recoger los billetes, a pesar de lo absurdo que es pensar en que necesitarás dinero para la huida si todavía no sabes como salir de aquí — ... ¡espera! — te abalanzas y le arrebatas las llaves a Ania cuando estaba a punto de cogerlas. Ella te mira sorprendida , al verte separar excitado las llaves, una, dos, tres, cuatro mientras gritas en español:

-Soy gilipollas! ¡Sí, sí!

— ¿Qué pasa? No entiendo.

Pasas al inglés: - Soy un idiota. Me había olvidado de estas llaves que encontré. Mira, son las llaves del coche de Durr, ¡y las del garaje! ¡Podemos abrir las puertas del garaje!

— Entonces, ¿podemos salir por ahí y escapar? — dice Ania esperanzada.

Te pones serio de golpe y piensas durante medio minuto antes de responder.

- No, no lo creo. Los guardias no se mueven de la puerta. En cuanto abriéramos la puerta del garaje que da al ala sur nos verían. Incluso si les pillase por sorpresa y pudiera ametrallarlos a todos mientras están sentados en el vestíbulo jugando a las cartas, hay cuatro guardias y uno siempre está de guardia en el pasadizo del arco. Quedaría al menos uno vivo y se pondría a cubierto para dispararnos.

Coges el croquis que has hecho del castillo y las posiciones y se lo enseñas a Ania:

-Mira. Desde el balcón Durr puede disparar con la ametralladora hacia el pasillo sur. Si tan solo uno de los guardias sobrevive, nos matará si tratamos de ir por el pasillo. No hay cobertura, aparte de los huecos de las ventanas, pero si te cubres de los disparos del guardia en el hueco de una ventana, Durr te ve y te mata. Es lo que se llama un fuego cruzado, mira estas líneas son la trayectoria, el camino, de las balas — trazas líneas con el lápiz que se intersectan para que lo vea.

— Oh.. ¿entonces de qué nos sirve? — dice abatida.

- Bueno, no mucho. Pero pensaba que para hacer un fuego grande necesitas gasolina, y que en el garaje hay, pero como no me acordaba de las llaves no se me ocurría cómo podría forzar la puerta del garaje sin hacer ruido. Ahora todo es más sencillo. Seguro que allí encuentro gasolina, y otras cosas útiles. Mira — le enseñas el plano — por el otro pasillo no podemos movernos porque nos ven Durr desde el balcón y los guardias desde la puerta, pero por el pasillo este, Durr no nos ve, y los guardias tampoco nos ven la mayor parte del camino, porque está la jaula de los infectados en medio. Si me agacho, puedo recorrer los últimos pasos hasta la puerta del garaje sin ser visto. Tampoco creo que los guardias presten mucha atención. Ellos cerraron las puertas ... tras soltar a los leprosos que te persiguieron, y ni se imaginan que yo pueda tener la llave. Por eso están tan confiados, saben que sólo puedo salir o por el patio o por el pasillo oeste.

— Ah, bueno... Eso es algo ¿Vas a buscar gasolina ahora?

- Todavía no.

— ¿Por qué no? ¿A qué esperas? — pregunta.

- A que se cansen y se aburran. Mira, a Durr le he dicho que tiene de plazo hasta la puesta del sol. Eso le hará pensar que voy a intentar salir sin ser visto cuando esté oscuro, y llevándote de escudo humano. Para que aunque me vea, no pueda disparar contra mí por temor a herirte.

— ¿Y por qué no hacemos eso? Esperar a la noche y salir sin ser vistos, me parece mejor idea.

- No, no lo es. Lo único que podría conseguir con eso es acercarme sin ser visto a la puerta, y tener la oportunidad de coger a los guardias por sorpresa, pero tengo poca munición, pocas balas, ¿entiendes? y en un tiroteo podría acabar con un par de ellos, quizá, antes de que se me acaben las balas y me maten los que queden. Pero Durr no sabe eso. No sabe cuántas balas me quedan. Sabe que estoy atrapado y que ese es el plan más probable que puedo intentar. Lo que he dicho de "tienes de plazo hasta la puesta del sol", le hará pensar que quiero ganar tiempo hasta que sea de noche.

— Entiendo. Pero tú no vas a salir de noche. Sólo quieres que Durr lo crea, entonces, ¿por qué no salimos ahora mismo? No se lo esperarán.

La chica no es ninguna boba. Ingenua, pero tonta no es.

- He pensado en ello. Durr es un paranoico. A pesar de que es lo más probable y lógico, pensará que si se lo he dicho, es porque a lo mejor intento engañarle y en realidad voy a salir ahora, no de noche. Por eso, por si acaso está alerta y al acecho, y habrá ordenado a sus hombres que también vigilen. Eso es lo que quiero que hagan y por eso no tengo prisa. Ahora mismo Durr y los otros están tensos y vigilantes. Pero así se cansan, con este calor tienen sed, beben... he visto como los guardias bebían cerveza y Durr estaba tomando una copa de vino. Como no han comido nada, tendrán hambre, y el alcohol les afectará más con el estómago vacío. Si esperamos un rato, estarán algo bebidos, cansados y aburridos, y se convencerán de que hasta la noche no voy a salir, por lo que no estarán tan atentos. Por eso hay que esperar un rato y entonces será más seguro salir de aquí e ir a buscar cosas para nuestro plan. Y en unas horas lo intentaremos... o si no hay posibilidades de que funcione el plan, entonces trataremos de escapar de noche como último recurso.

— Eres muy listo — por primera vez Ania parece respetarte y tener fe en ti — pero yo también tengo sed, y hambre.

- Toma más té con azúcar. Luego mientras yo voy al garaje a ver que encuentro, tú vete a la cocina y busca algo para comer. Así tendremos fuerzas.

Sales al pasillo a echar una ojeada por el telescopio. Sin novedad. Durr no asoma el hocico y los guardias siguen en sus puestos. Parece que también esperan a la noche.

Ania prepara más té y os sentáis a tomarlo. No sabes cómo romper el incómodo silencio y tratar de pasar el rato, ahora que has explicado tu plan no se te ocurre ningún tema de conversación, ahora sabes lo que sentían los condenados a muerte al "estar en capilla". Ania tampoco parece habladora, se limita a manosear el relicario y su cadena, lo que te resulta irritante, hasta que se te ocurre que igual hace las veces de rosario y está rezando.

Entonces caes en la cuenta de algo que te ha estado rondando la mente.

- Ania, ¿por qué llevas un relicario con tu foto?

Ania alza la vista y te mira con tristeza.

— No es mío. Era de mi madre. Es todo lo que me queda de ella.

Te arrepientes de haber preguntado, pero su expresión te invita a continuar.

- Lo siento mucho — y lo dices con sinceridad, pobre chica, ¡qué vida más triste! — ¿Cómo murió?

(continuará)

(espero que os parezca interesante la conversación para pasar el rato y que Z. conozca un poco más a Ania, esto es como la guerra, largos períodos de inactividad y calma entre momentos de acción frenética y peligro mortal)

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 22-Oct-2016, 19:07

— Cáncer. Hace dos años ya... — el dolor de la pérdida se nota en su expresión.

Guardas silencio, entonces te acuerdas que en su diario mencionaba que su padrastro le pegaba. Haces la pregunta aunque ya sabes la respuesta.

- ¿Y tu padre?

— Muerto también. Se pegó un tiro cuando yo tenía diez años.

Te quedas sin habla. Qué vida más triste.

- ¿Qué pasó?

— Era funcionario y miembro del Partido Comunista. Con la democracia lo echaron de su puesto.

Te sorprendes. Siempre habías visto como algo positivo la caída de los regímenes comunistas y la liberación de los países del Este de Europa del yugo soviético. Nunca se te ocurrió pensar que también hubo perdedores con el cambio de régimen. Comprendes que la familia de Ania, antes privilegiada, cayó en desgracia, y se vieron obligados a emigrar.

- ¿Es por eso que os fuisteis a vivir a Britania?

— Sí, pero mamá se fue primero. Se fue a buscar trabajo y yo me quedé a vivir con la abuela. Luego mi madre se casó con un inglés, y fui a vivir a Britania hace tres años. Creía que iba a ser una nueva vida y todo iba a ser mejor... pero entonces mi madre enfermó y murió. Estoy sola en el mundo.

- ¿No tienes hermanos?

— No.

-¿Y tu abuela?

— Murió también, hace un año.

Te arrepientes de haber preguntado y de despertar recuerdos dolorosos. Tratas de cambiar de tema. Hay algo que te intriga.

-Si tu padre era comunista, ¿quién te enseñó a rezar?

— Mi abuela.

Hay otro silencio incómodo y decides preguntar lo que realmente te interesa: qué hace una chica como ella en un sitio como éste.

- Ania, ¿cómo viniste aquí? Quiero decir, ¿por qué cogiste este trabajo, tan lejos de casa?

— No tengo casa — responde con amargura — No terminé la escuela. No sé hacer nada, no tenía donde vivir, ni adónde ir. Trabajar de criada en un castillo para un lord inglés sonaba muy bien. Debí haber pensado que era demasiado bueno para ser verdad — suspira abatida.

- Pero, ¿y el hombre con el que se casó tu madre, tu padrastro? — dices confundido, aunque ya sabes que era un mal bicho — ¿te echó de casa o qué?

Ania se pone tensa y crispa las manos. Su expresión melancólica se vuelve pétrea. Habla con voz inexpresiva.

— Era un mal hombre. Cuando vivía mi madre al principio no era malo. Trataba de mostrarse amable conmigo, pero creo que sólo por agradar a mi madre, creo que nunca le le gusté, que tenía celos de mí. Después de que murió mamá se volvió peor. Bebía, y me pegaba.

- ¿Entonces fue cuando te escapaste de casa?

— No, no tenía adónde ir. Me aguantaba. Entonces cuando crecí empezó a mirarme de otra forma... sucia. Me pegaba menos.. pero ahora me.. tocaba - el asco con que lo dice te hace comprender perfectamente a qué se refiere. Te llevas una mano a la cabeza, consternado.

- No me extraña que te fueras.

— No fue así...

(continuará)

Heinrich
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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por Heinrich » 23-Oct-2016, 11:15

Has hecho mal el final del último post. Tendría que haber sido:

-No fue así...

¡Chanchanchán!

(Continuará)

¡Bienvenido, Gonella! Me alegro de que hayas disfrutado de la partida y siempre vienen bien más jugadores, si no para otra cosa, para que el Analandés reciba el honor que merece por el enorme esfuerzo y trabajo que ha puesto en el juego, que es magnífico. Últimamente ando bastante exiliado del mundo foril, aunque con la partida de Analandés es forzoso conseguir datos para atenderla, próxima al Ragnarok como está. Espero que el máster sepa disculparme esta y otras ausencias.

Queda bastante bien la escena, sosegada, mucho más de cine bélico o de terror que de acción o aventura. La presencia de una polaca y de té con azúcar lo refuerza; eslavos y la expectativa de lanzarse contra un enemigo que lo supera a uno en potencia de fuego cuadran bien. Si al cuadro le añades uniformes rusos, un fulano con cara de presidiario tocando la guitarra y otro rapado y de cuclillas cantando una canción melancólica, ya estamos dispuestos para morir heroicamente contra zombies nazis. Quién sabe, igual el abuelo de la chica estuvo en el batallón Dabrowski y pasó una escena similar con un español antes de morir cara el sol bajo el cielo del Jarama.

Tengo curiosidad por saber cómo saldría una pregunta clásica en este tipo de situaciones: "¿Qué harás (forzoso formularlo en futuro, para elevar la moral) cuando vuelvas a casa?"

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 23-Oct-2016, 15:02

Heinrich escribió:Has hecho mal el final del último post.
Por eso he tardado taaaaanto en ponerme con la historia. Porque escribir esta conversación y la narración lleva muuucho tiempo. No hago pausas dramáticas, sencillamente escribo hasta donde puedo y lo dejo en un punto que no os quede colgados.

Puede parecer que hay un exceso de laconismo en los diálogos, pero es intencionado porque en primer lugar, se trata de una conversación natural entre dos desconocidos en peligro y que tienen que ir al grano, que hablan sobre experiencias traumáticas que no les apetece describir en detalle, y en segundo lugar es una conversación en inglés entre dos personas que no lo tienen como lengua materna y tienen que pensar cada frase. Z. tiene mucho más vocabulario que Ania, y por ello a veces tiene que usar palabras y frases más simples para asegurarse que la chica le comprenda. Imagino el diálogo en inglés y lo traduzco lo más literalmente posible al español.

¡Bienvenido, Gonella! Me alegro de que hayas disfrutado de la partida y siempre vienen bien más jugadores, si no para otra cosa, para que el Analandés reciba el honor que merece por el enorme esfuerzo y trabajo que ha puesto en el juego, que es magnífico.
Vaya, ¡muchas gracias! Entre la intervención de Gonella y tus elogios me habéis animado el día, y dado el empujón que necesitaba para terminar la historia, sobre todo porque sé qué hay más lectores que nos siguen y disfrutan del relato. Me temo que a partir de ahora ya no habrá decisiones que tomar, si no que será una narración convencional, salvo que ni yo mismo sé como va a acabar todavía. Creo que he logrado conseguir una historia de supervivencia que no sea la típica historia de zombis y que mejore el ejemplo de "Apocalipsis Z", que el protagonista es un inútil y un llorica. Me llena de orgullo y satisfacción que os entretenga la historia y os metáis en la piel del friki con tendencias psicópatas de Z.

Y agradezco otra vez a Heinrich sus elogios, significan mucho para mí y me dan la oportunidad de devolverle los buenos ratos pasados con sus partidas de rol por foro, ahora que me he puesto en el papel del narrador y el esfuerzo que supone, aprecio todavía más el trabajo de Heinrich en sus partidas que son las que me han inspirado a escribir aquí.

Pero para participar, tengo por aquí otra aventura en solitario, "Solo contra la oscuridad", para la Llamada de Cthulhu. La jugué hace la tira de años y no me acuerdo de nada, pero creo que sería una excelente aventura para foro, y podríamos jugarla mientras continúo con esta narración, ya que no me supondría mucho esfuerzo adicional. Además, por el formato admite más de un personaje.
bastante bien la escena, sosegada, mucho más de cine bélico o de terror que de acción o aventura.
En una película o novela convencional habría montones de cortes y "fundidos en negro" pero esto es como la serie de "24 horas", trato de dar una sensación de tiempo real, y la conversación surge de forma natural debido a la necesidad de pasar el tiempo y distraerse del peligro. Desde un punto de vista dramático es un engorro, pero es lo que pasa en la realidad. Z. se ha quedado atascado en un bloqueo, y por ahora no hay más remedio que esperar horas y horas a que llegue la noche o suceda algo. Si a Z. se le ocurriera algo que hacer, no estaría escuchando a Ania contar su vida, que es muy triste y ya se la conoce gracias a haber leído su diario, pero tiene que fingir que no lo ha hecho.

Tengo curiosidad por saber cómo saldría una pregunta clásica en este tipo de situaciones: "¿Qué harás (forzoso formularlo en futuro, para elevar la moral) cuando vuelvas a casa?"
Mira, ahí me sorprendes porque a Z. ni se le ha pasado por la cabeza, acuciado tal como está por la presión de sobrevivir en las próximas horas, aunque es consciente de que si Ania logra escapar, tendrá que pensar en cómo Ania acudirá a sus autoridades y las pruebas que tiene que aportar para que le hagan caso.

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 23-Oct-2016, 19:07

NARRACIÓN: La historia de Ania (II)

Presientes que te iba a contar algo muy malo, peor todavía, y te esperabas otra crisis de llanto, pero el cambio de expresión de Ania es dramático. Te has acostumbrado a verla llorosa, asustada o simplemente triste, que el endurecimiento de su expresión y la frialdad de su mirada te sorprenden más que si de repente le hubieran salido colmillos y cuernos. Habla con voz monótona e inexpresiva, como si hablara de algo ocurrido hace mucho tiempo y a otra persona.

— Una noche.. mi padrastro, volvió a casa tarde, había bebido mucho. Se enfadó porque no le gustó la cena. Discutimos, y , me tiró el plato a la cara... falló. Yo estaba harta y le tiré un vaso a la cara. Le hizo sangre... se puso furioso. Empezó a pegarme, como de costumbre, pero estaba tan borracho que tropezó y cayó y pude soltarme. Yo ya no podía más y le dije que le odiaba, que deseaba que hubiera muerto él y no mamá. Se volvió loco, me volvió a agarrar, y mientras me pegaba, me arrancó la ropa... intentó violarme.

Silencio. Te echas las manos a la cabeza, consternado.

— Estábamos en la cocina. Estaba tan borracho que cuando se bajó los pantalones pude soltarme. Sin pensar cogí el cuchilo de la cocina y le apuñalé. Varias veces. Me volví loca. Sólo pensaba en vengarme por las palizas y por tocarme. Hice así — sube y baja el puño — no sé cuantas veces. Él gritaba. Había mucha sangre.

No dices nada. No te esperabas esto, si parecía una mosquita muerta.

— Entonces, cuando no se movía me asusté y me eché a llorar. Fui al baño a ducharme, para quitarme la sangre. Me sentía sucia también porque me había tocado. Cuando me calmé un poco sólo podía pensar en que lo había matado y que iba a ir a la cárcel. Puse mis cosas en una maleta y me llevé todo el dinero que encontré y las joyas de mamá. Cogí un autobús y fui a Londres, casa de una amiga de mi madre, le dije sólo que mi padrastro me pegaba y que me había escapado de casa, que si podía quedarme unos días hasta que encontrara trabajo.

- Deberías haber llamado a la policía. El tribunal te habría absuelto de matar a tu padre, por defensa propia.

— Lo sé, pero entonces no podía pensar. Y desearía haberlo matado.

- ¿No murió? ¿Por qué no te entregaste a la policía, entonces?

— No, porque le contó a la policía que yo le había intentado matar y le había robado. Pensé que la policía le creería antes a él, un inglés, que a mí, una chica extranjera. Por eso tenía miedo de ir a la cárcel.

Meneas la cabeza. Qué forma más estúpida de complicarse la vida. No por rajar al viejo, que se lo merecía, si no por huir sin necesidad de hacerlo. Aunque al ser un emigrante que no conoce las leyes de un país extranjero, y sobre todo viniendo de un país ex-comunista, donde la gente tiene miedo a la policía, su actitud es comprensible, sobre todo tratándose de una chica tan joven... entonces reparas en ese detalle, hay algo que no cuadra.

- Ania, ¿cuántos años tienes?

Ella vacila antes de contestar:

— Tengo dieciséis — baja los ojos y confiesa avergonzada — mentí sobre mi edad para que me cogieran para este trabajo.

Cuando creías que ya nada podía sorprenderte te vuelves a quedar mudo de asombro. Con ese cuerpo creías que tenía veinte años, dieciocho como poco. ¿Qué comen las chicas de ahora para estar tan desarrolladas?
Ahora entiendes muchas cosas... claro está que su inestabilidad emocional y sus lloros son comunes a toda mujer que tenga la regla, y el ser secuestrada y víctima de abusos sexuales por parte de un loco que se dedica a infectar y matar gente por docenas es razón suficiente para que se comporte como una loca histérica. Pero el ser una adolescente tampoco ayuda. Cuando leíste su diario te llamaba la atención su ingenuidad en lo referente al sexo, sobre todo sabiendo que las chicas de hoy son todas unas putillas que saben latín, pero lo achacabas a la represión de una estricta educación católica, por lo beata que es...

Ania interrumpe tus reflexiones:

— ¿Y tú, de qué año eres?

Tardas un momento en comprender que te pregunta por tu fecha de nacimiento, será un giro del idioma polaco. Te hace gracia que se refiera a la edad de una persona como si fuera la cosecha de un vino.

Al decirle tu edad ahora es ella la que se sorprende:

— ¡Doce años más! ¡Pareces mucho más joven!

Te quedas desconcertado. Nunca te habían dicho eso. Ahora entiendes por qué no te tiene respeto, porque pensaba que tenías ventipocos. Claro, hombre, yo tampoco me fiaría de un chaval que ni es policía ni es , sólo un turista, y no mucho mayor que tú.

Vuelves a pensar en Ania. El saber que es menor de edad, además de aumentar la pena que sientes por ella y por lo desdichada que ha sido su corta vida, añade otro quebradero de cabeza a tus preocupaciones. Piensas que si logra escapar para denunciar los crímenes de Durr a la policía, ya es bastante complicado conseguir que actúen, necesitará llevar pruebas. Pero si encima es menor, no le van a hacer ni puto caso.

Te olvidas del tema, ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos a ese río, te dices. Piensas en otra cosa, si tiene dieciséis ahora, tenía quince cuando mató, perdón, cuando casi mata a su padrastro...

- Ania, cariño, lamento decírtelo, pero eres tonta. Los menores no van a la cárcel. No tenías que haber huido. Cualquier abogado haría que te dejasen libre, y aunque te encontraran culpable, no irías a la cárcel, si no a un centro de menores.

— ¡Pero sigue siendo una cárcel! ¡Son sitios muy malos! ¡No quiero estar encerrada! — grita airada.

Sorprendido por la violencia de su reacción te callas. Piensas en su punto de vista y tiene razón. Es muy duro estar encerrado cuando se tienen quince años y se empieza a vivir. Te abstienes de decirle a Ania que los centros de menores no son tan malos como los correccionales de las películas antiguas, por lo menos en Europa Occidental. Piensas que desde su punto de vista, las prisiones juveniles de los países del Este de Europa deben ser sitios muy chungos. Visto así, la chica no te parece tan boba ni su temor a la policía y al sistema penitenciario tan irracional. Fue estúpida al huir de la justicia, pero ella qué iba a saber... Aparte de que vete tú a saber cuál es la realidad de los centros de menores, seguramente un punto medio. Ni son el gulag ni una residencia de recreo. Imaginas que el trato por parte de los guardianes es correcto, pero a juzgar por las denuncias en los periódicos también pasan sus cosas...

Los guardianes aparte, el problema es que los chavales que acaban en un reformatorio o son tarados mentales o auténticos hijos de puta que algo habrán hecho. Piensas en lo cabronas que pueden ser las niñas de ahora con otras niñas en la escuela, y definitivamente, una prisión juvenil aunque sea femenina, no es lugar para una chica como Ania, y menos todavía para una chica guapa.

Te levantas y sales otra vez al pasillo a mirar por el telescopio. Durr sigue sin asomarse, y los guardias parece que ahora en vez de estar dos de guardia, se queda sólo uno, que parece aburrido, recostado contra la pared. Supones que los otros tres están jugando a las cartas o los dados, o lo que sea. Algunos de los pobres desgraciados infectados encerrados tras la alambrada deambulan como almas en pena por el recinto, pero la mayoría se muestran apáticos y permanecen sentados o echados a la sombra, tratando de evitar el sol. Te dan pena y piensas cuándo fue la última vez que les dieron de comer. Tú también tienes hambre. Miras el reloj. Ni idea de cuándo se relevan. Decides esperar algo más antes de aventurarte a salir.

Vuelves con Ania. Aunque su vida en el último año ya te la conoces a grandes rasgos por el diario, decides que te la cuente ella, teniendo en cuenta lo escabroso que es el diario, no quieres que sepa que lo has leído, se enfadaría contigo, y aunque sabes que lo más probable es que no vivas para ver otro amanecer, por alguna estúpida razón no quieres quedar mal ante ella.

- Cuéntame. Te escapaste de casa, estuviste viviendo con una amiga de tu madre y...

Ania te interrumpe:

— Sí, pero cuando se enteraron por los periódicos de lo que le pasó a mi padrastro, me dijo que me fuera. Que su marido no quería líos con la policía. De todas formas fue muy buena conmigo, y me escribía cartas.

- ... y encontraste el trabajo de criada para Durr. ¿Por qué aceptaste?

— Porque fue el primer trabajo bueno que me llamaron, porque parecía muy prometedor y pagaban bien, porque la señora Danvers, que me entrevistó, no hizo preguntas ni pidió documentos y estuvo muy amable conmigo. No sabía lo perra que sería luego... además, el trabajo era en el extranjero y pensé que mejor salir de Britania porque la policía me buscaba.

- ¿Quién es la señora Danvers? - preguntas fingiendo ignorancia.

— El ama de llaves y secretaria de Heinrich Durr. Una mala persona, como él. Lo pasé muy mal, aún antes de que empezara todo esto... lo de los leprosos y matar a gente.

- ¿Por qué eran malos contigo? ¿Te trataban mal? ¿Te pegaban?

Ania se calla. Se agita inquieta en la silla y se muerde los labios. Parece que has sido demasiado inquisitivo, aunque te deja perplejo que tenga la confianza de contarte una historia tan tremenda de abusos en el hogar, y ahora se muestre renuente a contar su experiencia en el castillo, que con ser también horrible, no es tan mala. Te sientes mal porque igual al ser más reciente le afecta más.

Por fin Ania se decide a hablar.

— No exactamente. En realidad Durr nunca me pegó ni me hizo nada... él mismo. La señora Danvers, por otra parte... sé que las cosas que me hacía eran por orden de Durr.

- No entiendo...— finges no comprender para animarla a explicarse.

— No me pegaban. Bueno, no como lo hacía mi padrastro. La señora Danvers me hacía daño, pero...— Ania, vacila, pero por fin parece que las ganas de contarlo todo a alguien prevalecen — me da vergüenza decirlo, me hacía cosas sucias... cosas sexuales.

- ¿Te tocaba? ¿Como tu padrastro? Entonces, ¿por qué no le clavaste un cuchillo también?

Ania se sonroja.

— No es tan sencillo. Esto era diferente.

(continuará, cuando tenga tiempo)

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 24-Oct-2016, 14:13

Ya que no se anima a continuar, te recuerdas a ti mismo que tienes que hacer preguntas, no vaya a darse cuenta que sabes más de lo que das a entender.

- ¿Cuánto tiempo llevas trabajando aquí, Ania?

— Desde comienzos del año.

- ¿Y cuando empezaron los abusos?

— En primavera. En mayo.

- ¿Y por qué no te marchaste?

— No podía. Me quitaron el pasaporte, y luego no me dejaron salir del castillo. Las cosas.. malas que me hacían, empezaron por entonces. Estaba prisionera... como tú.

Vacilas un momento, sientes curiosidad morbosa por que te cuente lo que le hacían y que te imaginas por el diario y las fotos de las otras chicas que has visto en el portátil, pero también sientes una punzada de escrúpulos. Pero por otra parte se ve que tiene ganas de hablar después de estar meses sola en este castillo, y tampoco es que vayas a ir a ninguna parte ahora mismo.

- Pero ¿te daban palizas? No lo parece, no tienes heridas ni moratones.

— No, no era así. A veces Danvers me daba bofetadas, pero no me golpeaba. Me hacía cosas raras, que me dolían, como atarme, o colgarme.. o azotarme con un látigo en... la espalda, pero no me dejaban moratones, sólo marcas rojas que se me iban en un par de días. También me castigaba.. como decía ella, me ponía pinzas.. aquí — se señala los pechos— y ahí abajo... me echaba gotas de cera caliente con una vela en la piel.. — Ania prosigue con otros detalles escabrosos sobre torturas inventivas que escuchas con una mezcla de morbosa fascinación, y espanto —.. cosas como esas.

- Parece bastante malo.

— Sí, pero además de hacerme daño, y tocarme... bueno, también me besaba y acariciaba.. no sólo me hacía daño — calla avergonzada y baja la vista, antes de confesar — es difícil de explicar, es que no sólo dolía, pero también me gustaba, hacía que me sintiera... mojada — las palabras brotan ahora con más fluidez, como una presa que se abre. — No sé cómo explicarlo. Me dolía, pero sentía que merecía los castigos, que la señora Danvers tenía razón. Me sentía sucia, la odiaba, pero la deseaba, me dolía mucho pero a la vez me gustaba lo que me hacía, me excitaba, quería más... — te mira a los ojos con tristeza. — Debes pensar que estoy loca y que soy una guarra.

Respiras hondo.

- No, para nada. — le dices comprensivo — es normal, o todo lo normal que puede llegar a ser, en tus circunsancias. No te sientas mal por ello.

Ania te mira con una expresión mezcla de sorpresa, alivio y esperanza.

— ¿De verdad? ¿No piensas que estoy loca? ¿o que soy mala chica?

-No, no. Pobre chica. No es culpa tuya. Pero cuéntame más, ¿quién te hacía esto? ¿Danvers? ¿Durr?

— Sólo la señora Danvers. Pero sé que Durr daba las órdenes, y que muchas veces estaba ahí mirando, pero no le podía ver.

- Entonces ¿Durr no te tocó? ¿No te...?

— No, no me violó, como hizo con Ioanna, la otra chica que trabajaba conmigo. No sé por qué. Pero creo que sólo era cuestión de tiempo. Esperaba que fuera en cualquier momento, pero entonces, cuando llegó el verano empezó todo esto... empezaron a traer gente secuestrada, para convertirlos en infestados. Danvers seguía castigándome, cada vez de forma más retorcida, pero Durr perdió interés. Debía estar ocupado.

Entonces, cuando Ioanna, la otra chica, se fue, supe que sería mi turno.

(continuará)

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 24-Oct-2016, 23:41

- ¿Y qué hiciste?

— Nada — otra vez se debate en un conflicto entre las ansias de hablar sobre sus experiencias y la vergüenza. Esperas paciente. Tras un minuto , habla de nuevo — A decir verdad, al empezar el verano me había resignado. Pensaba que sólo quedaban seis meses y podría irme. Hasta acabé por acostumbrarme a ser .. el juguete de la señora Danvers, como decía ella, su mascota —adivinas que utilizaba palabras más gruesas — además, a veces no era tan mala, cuando estaba contenta después de castigarme.. era cariñosa conmigo. Me da vergüenza decirlo, pero me gustaba cuando me besaba y me tocaba... sobre todo en la ducha.

Te acuerdas de la cámara oculta del baño. Ese cabrón de Durr no se perdía detalle de la acción.

— Danvers no me parecía tan mala. De todas formas no podía irme. Pero luego empezaron a pasar cosas raras y cuando vi que Durr y sus matones secuestraban a gente, empecé a tener miedo, y mucho más, cuando me enteré que la gente que trabajaba con Durr, unos señores de su empresa con batas blancas, doctores o científicos, creo, hacían cosas horribles en el sótano a los secuestrados, porque oía gritos y cómo pedían ayuda. Pero no sabía qué hacer.

Entonces, hace un mes, se marchó Ioanna, la otra criada. Creo que su familia o su novio se preocupó y vinieron a buscarla. Y luego llamaron a la policía. Creo que Durr sobornó a los policías, y le dio un montón de dinero a Ioanna para que se callara. Antes de irse me dijo, que me fuera a casa, si podía. Me asusté mucho por cómo lo dijo, comprendí que Ioanna estaba muerta de miedo y sabía que pasaba algo horrible.

Pero eso no lo descubrí hasta un par de semanas más tarde. Ya he dicho que la señora Danvers no me parecía tan mala, a veces hasta me gustaba. Pero Durr nunca me gustó, y luego, cuando empecé a ver las cosas terribles que hacía, me daba miedo y asco, de pensar en que me tocara y tener que acostarme con él.

Fue entonces cuando empecé a pensar en huir. Pero sólo pensaba, no me atrevía a hacer nada. Y entonces..

- ¿Entonces qué? - le apremias

— Una noche me metí en el sótano, en un descuido, para saber lo que pasaba ahí abajo. Vi como estaban encerrados todas esas personas en las celdas, y me acerqué a ellos... para hablarles, para preguntar quiénes eran, y si podía hacer algo por ellos y... — se estremece al recordarlo. Decides ahorrarle sufrimientos y tener que revivir la horrible experiencia.

- No sigas. No hace falta. Puedo imaginármelo. Empezaron a gritar y trataron de agarrarte. Sé como te sientes, la primera vez que vi a un infectado también creí que eran zombis como los de las películas de terror. Por poco me muero del susto. ¿Qué pasó luego?

Ania suspira aliviada al saltarse esa parte y prosigue:

— Durante dos días estuve temblando de miedo y llorando todo el rato. Por lo que había visto y porque me asustaba que Durr se enterara de que había bajado al sótano. Tenía que fingir que todo seguía igual, y sólo podía llorar por la noche. Y cuando Danvers me castigaba era un alivio porque podía llorar cuando me hacía daño. Una cosa curiosa que pasó es que ella pensó que se estaba pasando y me castigaba menos y se puso más cariñosa y dulce que de costumbre.

Entonces Gregor, el amigo de Boris, ya sabes, vino a mi habitación. Me dijo que me había visto salir corriendo del sótano, pero que se calló y no dijo nada. Me dijo que Boris y él también estaban prisioneros en el castillo. Me explicó que no eran zombis, si no que eran personas enfermas, como leprosos, que si te tocaban te volvías uno de ellos. Que Durr les estaba metiendo la enfermedad.

Tratas de disimular tu aburrimiento porque todo eso ya te lo sabes por haber leído su diario y estás impaciente porque acabe de contar su historia y puedas poner en marcha tus planes, pero Ania te sorprende contándote algo que no sabías.

(continuará)
Última edición por El Analandés el 27-Oct-2016, 22:35, editado 1 vez en total.

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 25-Oct-2016, 15:39

— Gregor me dijo que le daba pena. Que tenía una hija de mi edad. Me contó cómo podía escapar del castillo. Hay una puerta en el almacén de herramientas, que da a un túnel que sale fuera del castillo. Me explicó que Durr lo construyó para poder escapar si venía la policía. Que él no podía escapar, porque la puerta tiene una cerradura electrónica que se abre con una tarjeta que tenía Durr y llevaba siempre encima, y que de todas formas, él y Boris estaban siempre vigilados y no podían estar en ese ala de noche. Pero creía que yo, al entrar en la habitación de Durr para limpiar y llevarle el desayuno, y la cena, y otras cosas, tenía una oportunidad de coger las llaves y la tarjeta y podía escapar por ahí.


Te sorprende porque a Gregor sólo le viste una vez y ni le habías prestado atención, más allá que te llamaba la atención el vendaje que tenía en la cabeza y te preguntabas cómo se había herido. Quién iba a pensar que un esbirro de Durr también tiene su corazoncito, y una familia... Tu opinión de ese par mejora algo. No les perdonas que te manipularan para poder escapar ellos, pero tampoco eran tan mala gente. Aunque a estas alturas ya estás de vuelta de todo, y las sabias voces en tu cabeza del cinismo y la misoginia te dicen que ayudaron a Ania porque era una chica joven y guapa, no por otra cosa. Las chicas bonitas lo tienen todo más fácil. Le pides que te indique la posición del almacén en el plano. Está en la planta baja del ala oeste.

- ¿Y conseguiste escapar?

(continuará)
Última edición por El Analandés el 11-Nov-2016, 13:34, editado 1 vez en total.

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 25-Oct-2016, 23:24

— Ya ves que no.

Apenas esbozas una mueca ante el sarcasmo. Nada tiene gracia en estas circunstancias.

-Quiero decir, ¿lograste salir del castillo?

— Sí, fue fácil — la voz en tu cabeza dice "¿Ves? ¡lo que yo decía! las guapas lo tienen todo fácil", Ania prosigue — Durr es muy distraído y siempre deja las cosas a la vista en los mismos sitios para no perderlas. . Esperé hasta la cena, y al llevarme la bandeja cogí sin que me viera la tarjeta y el llavero, y también su cartera con dinero. Cuando se acostaron todos y se apagaron las luces, esperé a que estuvieran dormidos. Con las llaves pude abrir la puerta de la escalera y bajar sin hacer ruido y luego fui al almacén. Pensé que de noche necesitaría una luz, no encontré ninguna linterna, pero me llevé una vela , y cerillas.

Asientes mostrando tu aprobación. Para ser tan joven es una chica lista y preparó bien la evasión. Claro que ya tenía experiencia en fugas. Ella prosigue:

— Encontré la puerta y la abrí con la tarjeta. Bajé por unas escaleras que llevaban a un túnel. Era muy largo y parecía muy viejo, estaba oscuro pero con la vela podía ver, después de diez minutos andando salí a un claro en el bosque.

Piensas sobre este punto. Por lo que te cuenta el túnel no lo construyó Durr, si no que como el foso, debe ser una reliquia de la fortaleza originaria construida en este emplazamiento. A veces los castillos medievales tenían una salida oculta como esa, para que mensajeros pudieran entrar y salir sin ser vistos si el castillo era asediado. Cuando se construyó el cuartel sobre las ruinas del castillo original, el acceso al túnel debió quedar tapiado. Seguramente Durr lo descubrió cuando se hicieron reformas, y lo selló con una puerta de acceso para tener una salida de escape en caso de redada de la policía.

-¿Qué pasó luego?

— No hay mucho que contar. Eché a andar, por el bosque, siguiendo la carretera pero manteniéndome alejada de ella, para que no me vieran si me perseguían en coche, pero no llevaba ni una hora caminando cuando oí ladrar a los perros que me perseguía. Corrí, pero de noche apenas veía en el bosque, y me tropezaba y caía y golpeaba con las ramas. Me cogieron los guardias y llamaron para que un coche nos recogiera y me llevaron de vuelta al castillo.

Hay algo que no te cuadra, ¿no habían encerrado a los perros para experimentar el virus con ellos primero? Sientes un escalofrío de horror al darte cuenta que sacaron a un par de perros para seguirle el rastro a Ania. La chica no tiene la culpa pero estuvo a punto de abrir la caja de Pandora. Durr estaba tan desesperado que se arriesgó a que los sabuesos infectados pudieran escaparse, o morder a algún animal silvestre como un conejo y extender la epidemia.

Ania se preocupa al ver tu expresión y pregunta si pasa algo malo. Le dices que nada, que sólo era un mal recuerdo, de los que tienes ahora para toda la vida, y le dices que termine de contar, que tienes hambre y que hay que salir ya de aquí.

— De acuerdo. Pero antes, acabo de tener una idea. ¿No podemos intentar escapar por el túnel?

La pregunta te pilla por sorpresa. Con la fatiga no se te había ocurrido esa posibilidad. La chica es lista, y tiene iniciativa. Le pides que te marque en el croquis del castillo la posición del almacén. Estudias el plano, piensas un poco y acabas desechando la idea.

- Lo siento mucho, Ania, pero no podemos salir por ahí.

— Oh.. —abatida, ella insiste con un deje de desesperación — ¿pero por qué no? ¿no podemos intentarlo?

Resoplas. Lo malo de las personas inteligentes y decididas, como esta chica, es que no aceptan un "no" por respuesta, ni les vale un "porque lo digo yo". Como necesitas su ayuda, te tomas la molestia de explicárselo, para que comprenda y te haga caso.

- Eso es lo que esperan que hagamos — respondes con una frase de película, y a continuación te explayas:

-En primer lugar, no tenemos la tarjeta para abrirla. En segundo lugar, la puerta debe estar blindada, debe ser difícil de forzar, aunque quizás pueda abrir la cerradura a tiros. En tercer lugar, desde su posición Durr y sus hombres pueden ver a cualquiera que vaya por el pasillo. Incluso si fuera pegado a la pared y agachándome al pasar por las ventanas para que no me vean, tendría que ponerme en pie para abrir la puerta del almacén, y entonces me ven y me disparan.

El problema es que Durr lo sabe. Sabe que estoy atrapado aquí y que no tengo forma de salir. Imagina que si no me rindo es porque sé cómo salir. Sabe que tú sabes del túnel. Pensará que me lo has dicho, porque te haya amenazado y me cuentes todo. Debe pensar que voy a esperar hasta la puesta del sol para ir hasta el almacén sin ser visto, abrir la puerta y luego la puerta del túnel y escapar por ahí.

— A mí me parece un buen plan. Además, Durr me quiere viva, no se arriesgará a disparar en la oscuridad y herirme. ¿Por qué no lo hacemos? — insiste Ania con la tozudez típica femenina cuando se les mete una idea en la cabeza.

(continuará)
Última edición por El Analandés el 27-Oct-2016, 21:43, editado 4 veces en total.

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por gonella » 25-Oct-2016, 23:47

Buf. Hacía tiempo que no pasaba por el foro y menudo parrafón.

Desde luego el contar la vida de Ania pone en contexto muchas cosas y permite corroborar otras que ya sabías. No esperaba el tema de Gregor y la salida alternativa. Quiero ver si después del intento fallido de Ania es factible reintentarlo o es totalmente imposible.

La verdad es que debe de ser una situación difícil. Esta espera si fuera real tiene que desgastar mentalmente. Ya ha tenido que ser duro todo el día de Z como ahora tener esta tensa y larga espera. Y me preocupa también el posible hambre que deben de tener. Z lleva mucho tiempo sin probar bocado y si encima añades que sale de un encarcelamiento dónde comía poco y mal, físicamente tiene que estar en los límites.

También me reconcome que hace Durr. El hecho de que no lo vea con el telescopio no me tranquiliza para nada. No sabemos que puede estar haciendo mientras tanto. Esperar que esté acariciando sus gatos me parece poco realista. Tiene que estar también nervioso,con ganas de pillar a Z y recuperar a Ania. Sabe que tiene las de ganar, pero no por eso tiene porque estarse de brazos cruzados.

Seguimos con ansias el desenlace final de la historia.

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por gonella » 25-Oct-2016, 23:51

He publicado el post y ya habías colgado el siguiente.

Bien, ahora parece más difícil la salida que ha planteado Ania. Puede ser un buen señuelo, pero no se me ocurre como.

Saludos.

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 26-Oct-2016, 0:20

Respiras hondo y piensas bien lo que vas a decir, revisando los argumentos con los que te has convencido a ti mismo que no te queda otra alternativa que pelear. A ver cómo se lo explicas a Ania. Empiezas:

- Yo no voy a huir. Sabes que Durr va a soltar a esos infestados que tiene en el patio para causar una epidemia. Ya te he dicho que no hay alternativa, ¡hay que matarlos a todos!

Aunque quisiera, no puedo huir. Estoy agotado y con esta herida en la pierna no puedo correr. Si huimos, iremos muy despacio y nos cogerán. Tal vez tú puedas escapar, pero yo moriré, aquí o en el bosque.

He pensado mucho sobre esto. Te lo repito una vez más. Aunque tengamos suerte y escapemos, ni siquiera les hace falta perseguirnos. Nosotros vamos a pie, y ellos tienen coche. Pueden simplemente ir al pueblo y esperarnos allí. Y aunque volvamos a casa, Durr puede encontrarnos y matarnos. ¿Comprendes?? — dices levantando la voz.

Ania se encoge y parece que se va a poner a llorar otra vez. Arrepentido por tu estallido de ira, y al recordar que es una chiquilla, hablas en voz más suave.

- Mira, la idea es buena. Pero a ti no te funcionó y no tiene sentido intentarlo otra vez. Ellos lo tienen fácil. En cuanto sepan que hemos huido por el túnel, sólo tienen que correr hasta la salida. Llegarán antes que nosotros.

Ania se serena y vuelve a hablar, con resignación.

— Pero entonces... lo siento. No veo salida. Déjame ir. Me entregaré a Durr. Es mejor que morir y tal vez tenga la oportunidad de escapar más tarde. Tú has dicho que Durr tiene prisa, que tiene que huir y coger un avión. Hagamos eso. Esperemos hasta la noche para pasar el tiempo y entonces me rindo. Escóndete. Les diré que has huido. No pueden perder el tiempo en buscarte. Sé que no quieres ir a la policía, por lo que has hecho, pero mejor ir a la cárcel que morir.

Malditas mujeres y su manía de complicarlo todo. Nunca te hacen caso, ni siquiera esta mocosa. Decides seguirle la corriente.

- De acuerdo. Si no hay otra solución. Pero tengo un plan que creo que puede funcionar — piensas un momento, miras el reloj, miras a Ania. Te preocupa su estado mental. Cuando la encontraste estaba al borde de un colapso nervioso, la conversación le ha hecho bien, se ha desahogado, pero ahora parece hundida. La histeria es mala, la desesperación peor. Mejor que siga hablando, a ver si se distrae

- Cuéntame, Ania. ¿qué pasó cuándo te trajeron de vuelta al castillo?

(¡¡continuará!! me alegro mucho que todo este drama te guste, Gonella)

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 27-Oct-2016, 0:07

COMENTARIOS A LA NARRACIÓN

Hoy he tenido un día agotador, así que me apetece responder a los lectores, porque esta narración es tan vuestra como mía, y explicar un poco el proceso creativo, porque puede ser interesante para otros aspirantes a narradores de historias de rol, o por qué no, de escribir librojuegos.

A Heinrich: me alegro mucho que una simple escena de una conversación sosegada, o todo lo sosegada que puede ser estando en peligro de muerte, te haya gustado. Creo que dijiste que los momentos MacGyver, las técnicas de supervivencia te aburrían, pero celebro que sigas enganchado a la historia, y que una conversación sea tan interesante como las escenas de acción.

La sugerencia de Heinrich de que el abuelo de Ania estuviera en la Guerra Civil Española con las Brigadas Internacionales, es una idea tan interesante y original, y que debería habérseme ocurrido, que la incluyo en la historia, aunque no se mencione. Yo había pensado, ya que el padre de Ania formaba parte de la nomenklatura , es decir parte de la casta del régimen comunista, es que por lo menos el abuelo había luchado en la guerra con el ejército polaco que luchó con los soviéticos y por eso fuera considerado adicto por el nuevo régimen y su hijo hiciera carrera en el partido. Aunque las dos cosas son posibles, y tendría mucho sentido que el abuelo fuera un comunista de la vieja guardia. Esto guarda simetría con el abuelo de Durr, que sirvió en las SS. Y como curiosa coincidencia, se cerraría este triángulo, un tío abuelo de Z. era falangista y luchó en la Guerra Civil yen la División Azul. En la familia de Z. todos son gente pacífica, quizás el ardor guerrero le venga a Z. de ese antepasado.

Detalles de trasfondo como este son los que enriquecen la historia, sin pretensiones más allá del mero entretenimiento, pero siempre es de agradecer que los personajes no sean de cartón piedra.

A lo que dice Gonella.

SOBRE ANIA

Desde luego el contar la vida de Ania pone en contexto muchas cosas y permite corroborar otras que ya sabías.

En realidad se suponía que iba a ser un breve interludio de calma entre la evasión y la batalla final. Pero surge la inspiración, y los personajes cobran vida propia, se ponen a hablar y surgen preguntas y vamos conociendo más a los personajes implicados en el drama. Sobre todo Ania, pero también conocemos cosas de otros secundarios. Igual aburro hasta las piedras con tantos párrafos de conversación, cuando recopile la historia en un PDF, tendré que hacer cortes, pero prefiero el estilo de "flujo de conciencia", que la conversación salga natural, con las limitaciones de tener que hablar en otro idioma, y sin ingeniosas réplicas. Esto hace que vaya más lento de lo que me gustaría, pero tiene la virtud de simular lo lento que pasa el tiempo, y nos permite profundizar en el drama que aconteció entre las paredes del castillo y sus moradores. Z. entra en escena en el último acto de esta tragedia. Al menos creo que está saliendo una historia más interesante que la típica aventura matazombis.

Lo que pretendía ser una simple conversación para responder a las preguntas "¿quién eres tú? ¿cómo llegaste aquí? ¿cómo vamos a salir?" ( que acabo de darme cuenta, son las preguntas básicas existenciales de la filosofía) me está dando mucho juego. Como aficionado al género policial, me doy cuenta de que sin pretenderlo, esta escena recuerda algo a un interrogatorio policial, con Z. en el papel del detective. Ya conoce los hechos a grandes rasgos, pero ahora como dice Gonella, la declaración de Ania permite ponerlas en contexto, confirmar suposiciones y deduciones, y añadir más detalle.

Para mí ha sido un arduo trabajo el tener que volver la vista atrás, para ver qué había escrito Ania en su diario, y volver a relatar su historia, con sus propias palabras. Y además, sabemos algo más de ella y de su vida antes de llegar al castillo.

Lo interesante es que en su relato Ania comete omisiones e inexactitudes. No se acuerda bien de las fechas exactas (algo natural, y por otra parte intencionado por mi parte, porque sería imposible establecer una cronología exacta día a día)

Por ejemplo, a pesar de que Ania, como muchas mujeres, al recordar tienen que ir paso por paso contando todo lo que hicieron, también se salta cosas. Para el lector atento, que no piense que son olvidos o incoherencias del narrador, pues hago todo lo posible para evitarlos. A veces se me escapa alguno, pero puede explicarse:

Por ejemplo, en el diario se habla de una "tía" de Ania. En su relato, nos dice que después de apuñalar a su padrastro, Ania se escapó de casa y pidió asilo a una amiga de su madre. Esta amiga cercana es a quién Ania llama "tía", aunque no sea pariente suya. Además, en la historia ha quedado claro que Ania no tiene parientes por parte de su padre, que probablemente perdieron el contacto hace años tras su suicidio. Y que el ostracismo que sufrió la familia de Ania por pertenecer al régimen comunista, significa que de tener parientes en Polonia, no tiene ninguna relación con ellos. Por eso cuando Ania dice que no tiene a nadie en el mundo, exagera, seguramente le quede alguna familia en Polonia, pero ésta no querrá saber nada de ella, motivo por el cuál su madre emigró a Britania.

Otro detalle es que Ania cuando se fuga se lleva todo el dinero y las joyas de su madre. Pero luego dice que el relicario es todo lo que le queda. Ania no lo cuenta, pero Z. y el lector inquisitivo deducen que tuvo que vender las joyas o empeñarlas para subsistir y alquilar habitaciones de mala muerte mientras buscaba trabajo, tras tener que irse de casa de la amiga de su madre.

Así pues, nuestra pobre huérfana adolescente polaca no es meramente un objeto sexual decorativo en la historia, como en el original, ni una víctima indefensa. Como Z., es una persona por encima de la media y que no carece de recursos pese a su juventud e inexperiencia. He tratado de crear un personaje creíble, que no sea ni una fantasía sexual de adolescente [a Heinrich, es la fantasía sexual de un fetichista de treintaymuchos, de nada :smt016 ] ni la marimacho con pistolas tipo Lara Croft, totalmente irreal del cine de acción de las últimas décadas viciadas por la ideología feminazi, ni la típica damisela que no para de dar gritos y ser un estorbo para el héroe.

En cuanto a la edad física y mental de Ania, señalar que en el Este de Europa la gente madura mucho más pronto que en Europa Occidental. A los 18 años se es un adulto, no como los treintañeros eternos adolescentes de por estos pagos. La temprana y traumática muerte de su padre, y la todavía más traumática muerte de su madre la han hecho madurar mucho para su edad, aún antes de la terrible experiencia en el castillo. No es una personalidad equilibrada, y no es todavía una mujer, pero tampoco es una niña. En algunos aspectos, como la fuerza de voluntad, coraje, y responsabilidad, es muy madura para su edad, en otros, como su desarrollo afectivo y sexual, está retrasada. En general, tras tanto horror, es carne de psicólogo y está ahora mismo medio loca. Tampoco es que Z. se encuentre mucho mejor.

Me criticaba alguno que resultaba poco creíble que una chica guapa fuese virgen y tan inocente respecto al sexo, máxime creciendo en un estercolero como Britania. En respuesta he tratado de dar un trasfondo a Ania que lo haga plausible. No emigra a Britania hasta que tiene 13 o 14 años, y su adaptación al nuevo país y el aprendizaje del idioma la aislan de la promiscuidad. Luego la enfermedad y la muerte de su madre, y el padecer abusos a manos de su padrastro la impiden relacionarse con chicos. A eso le sigue su fuga, estar malviviendo unos meses buscando trabajo, para acabar en el castillo de Durr, que no es el mejor lugar del mundo para conocer chicos, precisamente.

La confrontación violenta con su padrastro es también algo plausible. Desgraciadamente la mayoría de menores, sobre todo chicas, víctimas de abusos sexuales sufren en silencio, pero Ania no es una niña indefensa, la muerte de sus padres la hizo madurar, y tiene un temperamento eslavo apasionado. Entre los eslavos los polacos tienen fama de exaltados. En muchos sentidos Polonia parece la España del Este. Por eso, Ania es de las que oponen resistencia, y eso hace que se le crucen los cables y apuñale a su padrastro. Esto se ve facilitado por otra cosa, no hay parentesco, no hay lazos de sangre ni afectivos que contengan su furia homicida. El primer par de puñaladas fueron en defensa propia. La otra docena fueron venganza por los abusos. Es sólo una chica, pero también una fiera cuando se ve en peligro. Recordemos que intentó pegarle cuatro o cinco tiros a Z.

Este acto de violencia es el eslabón crucial en una cadena de acontecimientos que lleva a una adolescente polaca emigrada a Britania acabar trabajando en un castillo de los horrores en los bosques de Rumanía. La desgracia y las malas decisiones la han llevado allí. Por contraste, Z. es sólo un turista que estaba de vacaciones y ha tenido muy mala suerte.

La inocencia y virginidad de Ania paradójicamente le han ahorrado un destino peor, al menos temporalmente, a Ania. Para la señora Danvers, es rutina captar jóvenes descarriadas de familias desestructuradas para retenerlas para servir de juguetes sexuales para su jefe y ella, Ania sólo era la última adquisición. Algo más guapa que la media, bastante más joven, y lo de su inexperiencia sexual ha debido ser una sorpresa mayúscula para sus captores.

Durr, en vez de violarla al momento y cosas peores, por turbios motivos que sólo él conoce, ya sea porque el vino joven hay que esperar que madure antes de descorcharlo, o porque necesite una doncella para un sacrificio ritual satánico, o porque hasta los psicópatas son capaces de enamorarse o algo parecido, ha dejado a Ania a merced de las tiernas atenciones de la señora Danvers, mientras terminaba ese asuntillo de los infectados.

Menudo tochaco he escrito que no se va a leer nadie. Lo que hace el aburrimiento. Seguiré mañana con la historia.

Una cosa más que me he dejado. He dicho que sin pretenderlo me ha salido un interrogatorio detectivesco. Sin darme cuenta, es probable que también he imitado el análisis psicológico de las motivaciones de los personajes, típico de las novelas de Ross McDonald.

Sin pretenderlo, unas pinceladas de morbo sadomasoquista para meter carnaza sexual en la historia, y por otra parte obligadas, que expliquen por qué Ania está viva todavía y no asesinada tras ser violada y torturada, me hacen preguntarme sobre los personajes y su psicología y tratar de dar una respuesta plausible. De Durr, no hay nada más que decir. No es un maníaco sexual al uso, y se reserva a Ania para luego. Pero me doy cuenta que hay un rollo freudiano bastante turbio entre Ania y la señora Danvers.

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 27-Oct-2016, 22:25

MÁS FRIKICOMENTARIOS

Cosas que se me quedaron pendientes. Disculpad que pierda el tiempo con estas cosas en vez de seguir con la historia, pero con la semanita que llevo no tengo tiempo ni inspiración para escribir todo seguido. Llevo toda la tarde escribiendo a ratos este post.
gonella escribió:No esperaba el tema de Gregor y la salida alternativa.
Yo tampoco :smt025

Hasta que llego a ese punto y me pongo a atar cabos. ¿Cómo pudo escapar la chica del castillo, que es como una prisión de alta seguridad? No tiene la iniciativa ni los conocimientos para planear una fuga. Pues como suele ocurrir en el caso de robos en lugares inexpugnables, con ayuda de alguien de dentro, en este caso Gregor. En el libro se menciona la puerta secreta en el almacén de herramientas, que he recolocado en el ala oeste, porque no tiene sentido que estuviera en el ala sur. No hay sitio en la planta baja.

Gregor descubrió la existencia de la salida, pero no podía usarla porque estaba confinado en otra parte del castillo, como las cárceles, que están divididas en módulos o pabellones aislados unos de otros. Pero en un gesto de nobleza, decide ayudar a escapar a Ania. La verdad es que Gregor me parece un personaje desaprovechado en el original, con ese vendaje en la cabeza pensaba que algo siniestro le había ocurrido. Todos tienen su papel en este drama.

Ania tenía la ventaja de dormir en la misma ala y podía acceder a ella, y además la oportunidad de robar a Durr la llave del almacén y la tarjeta de la puerta gracias a su trabajo de criada.

En el original la puerta da simplemente al exterior, lo que no tendría sentido, porque hay un foso alrededor del castillo. Sin el foso, ya habríamos escapado, bastaría con bajar por una cuerda desde una ventana. Por tanto lo lógico es que de a un túnel secreto de escape, que pase por debajo del foso. Muchos castillos tienen túneles debajo, en la mayoría de los casos son simples galerías de servicio, alcantarillas, o en algún caso el túnel de una mina excavada durante un sitio. Los túneles de evasión son poco comunes, pero existen. Investigando sobre el tema, lo que me ha sorprendido es que son muy largos, cuando se excavaron como escape, tienen que tener la longitud suficiente para pasar por debajo de las líneas de asedio y llegar a un punto seguro donde la salida no pueda ser vista por los sitiadores. Por ello he corregido la descripción , el túnel tiene centenares de metros de largo, o un kilómetro fácilmente, y por eso a Ania le llevó diez minutos recorrerlo.

A mí me preocupaba que ya que el castillo está construido sobre la roca, fuera viable excavar un túnel tan largo. Pues bien, resulta que la mayoría de los túneles de este tipo están en efecto en castillos con un subsuelo rocoso. Cuestá más esfuerzo excavar en roca viva que en tierra, pero tiene la ventaja de que no hace falta entibar el túnel, y éste una vez excavado se mantiene durante siglos.

Ésta bien podría ser la entrada del túnel. Es una escalera secreta descubierto tras una reforma en el famoso castillo de Bran

Imagen

En cuanto a la cuestión de la iluminación en el túnel oscuro plantea otro problema. Yo supongo que Durr tendrá guardado en el almacén cerca de la puerta una linterna, o lámparas de minero, aunque Ania no las encontró, o no se le ocurrió buscarlas. Es sólo una chica, y además rubia. :smt003

Ania, como cualquier otro recluso, sólo tiene las pertenencias de su habitación y poco más. Las linternas no son un objeto tan común, no hemos encontrado en ninguna habitación ni siquiera una linterna de bolsillo. Cerillas en cambio las hay en casi todos los hogares y nadie echa en falta la sustracción de una cajita, pero se plantea un problema, dado el aislamiento del castillo, la cocina es eléctrica, no de gas, por lo que no habría cerillas, al menos no en la cocina. Pero hay chimeneas que sí se usan, de hecho en el almacén encontramos cajas de cerillas. En cuanto a las velas, Ania podía coger mientras limpiaba las velas de adorno de un candelabro, que tiene el inconveniente que se advertiría su ausencia, o mejor todavía, alguna de las que usa la señora Danvers para la tortura de la cera derretida. Como éstas velas están metidas en un vaso, es la que cogió Ania. Evitan que te caigan gotas de cera en la mano, y no se apaga con la corriente de aire.

Soy un obseso del detalle, lo sé, pero es natural que si se menciona que la chica intentó escapar, imaginar cómo pudo hacerlo, una fuga requiere una mínima preparación aparte de escapar con lo puesto, como hizo Ania. Podría haberse llevado más cosas, como mínimo una bolsa o mochila con algo de comer, pero como la cocina está en el otro ala, no podía irse hasta allá para hacerse unos bocasillos. En retrospectiva, Ania debería haber preparado la evasión con más calma y esperar a acumular más cosas para una mochila de evasión: ropa, dinero, agua y comida, una linterna para poder marchar por el bosque de noche..etc, pero con la impulsividad propia de la adolescencia y el estado de terror y angustia en el que se encontraba tras haber descubierto a los infectados, hacen que aproveche la primera ocasión de huir sin pensárselo mucho. También cometió un error que resultó en su captura y que Z. con su sagacidad ya ha advertido.
La verdad es que debe de ser una situación difícil.
No más que las anteriores. En peores plazas hemos toreado. El problema es el bloqueo y que por primera vez a Z. le cuesta imaginar una salida.
Esta espera si fuera real tiene que desgastar mentalmente.
Sí, y de hecho lo reflejo en que a veces se irrita con Ania. Pero no es tan malo, la semana pasada encerrado en el calabozo fue mucho peor. Al menos ha aprendido a ser paciente.
Ya ha tenido que ser duro todo el día de Z como ahora tener esta tensa y larga espera. Y me preocupa también el posible hambre que deben de tener. Z lleva mucho tiempo sin probar bocado y si encima añades que sale de un encarcelamiento dónde comía poco y mal, físicamente tiene que estar en los límites.
¡Me alegra oír esto! :smt023 . Si he conseguido que te metas en la piel del personaje y te imagines lo nervioso, cansado y hambriento que está, es que la historia es buena. Z. está engañando el hambre con chutes de azúcar. Muy pronto habrá que arriesgarse a ir a la cocina a por provisiones, justo bajo los pies de Durr.
También me reconcome que hace Durr. El hecho de que no lo vea con el telescopio no me tranquiliza para nada. No sabemos que puede estar haciendo mientras tanto. Esperar que esté acariciando sus gatos me parece poco realista.
Tú mismo te has contestado. Sólo señalar que Durr es hombre de perros, a Z. le gustan los gatos, y como ellos parece que tiene siete vidas. :smt002
Tiene que estar también nervioso,con ganas de pillar a Z y recuperar a Ania. Sabe que tiene las de ganar, pero no por eso tiene por qué estarse de brazos cruzados.
Yo creo que por eso te puedes quedar tranquilo. No va a moverse, porque mejor se queda donde está.

El problema de Durr es que sus guardias no son de fiar, son matones que no tienen ninguna gana de que les disparen, y menos cuando están a punto de cobrar. ¿para qué van a arriesgarse si pueden limitarse a esperar?

Durr también es presa de su propia táctica, está igual de bloqueado, Z. no puede salir, pero Durr tampoco puede avanzar. Al ocupar una posición tan ventajosa, sería muy temerario dejar la ametralladora. ¿Ir solo a por Z. para tratar de sorprenderlo? ¡De ninguna manera! Está tan cerca de culminar su plan. En dos días estará en Brasil con Ania a su lado. ¿Arriesgarse precisamente ahora cuando le espera el logro de haber creado un arma biológica diabólica, la riqueza fabulosa, el retiro dorado en un paraíso tropical y la compañera sexual a la que con tanto esmero ha "educado" y reservado para gozar de ella a su debido tiempo?

Durr no quiere morir, también es humano, y la ráfaga de metralleta que le disparó Z. muy cerca le asustó mucho, y el enterarse que se ha salvado por pura suerte de que le disparara otra vez, todavía más. No puede arriesgarse, no ahora, que están las mieles del éxito a su alcance. También le inquieta que si tratan de atacar al españo,l ese hijo de perra se vea tan desesperado que le haga daño a Ania, su posesión más preciada.

Ese maldito español es sólo un tropiezo insignificante en sus planes, una molesta pérdida de tiempo, nada más. Está acorralado. Sólo tiene que esperar a que se ponga a tiro. Acabará por salir...

Durr practica la caza mayor, y seguro que en alguna ocasión ha cazado al acecho. Esperar varias horas a que la presa se ponga a tiro es algo que puede hacer tranquilamente. Claro que la espera también le inquieta, porque tiene prisa, pero tiene vino a mano, y sobre todo, tiene una ametralladora.

Seguimos con ansias el desenlace final de la historia.
Ahora mismo como me has llamado la atención sobre el túnel, es una posibilidad que de momento se descarta, pero añade incertidumbre.
Última edición por El Analandés el 03-Nov-2016, 11:29, editado 1 vez en total.

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 29-Oct-2016, 0:00

NARRACIÓN

- Cuéntame, Ania. ¿qué pasó cuándo te trajeron de vuelta al castillo?

— No quiero hablar de ello ahora. Estoy cansada, y tengo hambre — se queja lastimeramente — ¿Podemos salir a la cocina? ¿A comer algo? Por favor.

Lamentas haberla presionado con tu insistencia, aunque la hormigonera que tienes en la cabeza no para de dar vueltas a las cosas y quieres saber más. Ahora está abatida y no tiene ganas de hablar. Tiene razón, tú también te mueres de hambre. Miras el reloj. Es la hora de más calor del día. Ellos deben estar adormilados, sobre todo si han bebido. Miras el plano. Los guardias de la puerta no os podrán ver, pero la cocina está debajo del comedor en el primer piso, en cuyo balcón está apostado Durr. No os puede ver, pero te inquieta el pasar tan cerca y que pueda oíros, aunque es poco probable, dado que las ventanas del patio están cerradas y que los suelos son más gruesos que los de una vivienda moderna.

Pensativo, te rascas la barba de una semana. Ania ya se ha acostumbrado a tus silencios y espera paciente con las manos en el regazo. Al menos una cosa tienes que agradecer a vuestros captores, la estricta instrucción como doncella hace que no sea una típica adolescente parlanchina y respondona .

Silencio. El silencio también es malo. ¿Y si Durr se pone nervioso de tanto esperar y de no ver ni oír nada? ¿Y si desconfía y teme que hayáis encontrado una forma de escapar y lo de esperar a la puesta del sol es un ardid para ganar tiempo? ¿y si se arriesga a ordenar un avance para investigar, entonces? Sería el fin, en cualquier tiroteo sabes que las probabilidades están en tu contra, por número de armas y munición disponible.

Tienes que hacer ruido para que sepan que sigues aquí, y para desconcertarlos y que estén en alerta, que piensen que estás tramando algo, o que haces ruido para tapar tu salida. Guerra de nervios, para agotarlos con varias alertas, que no sepan si es un simulacro o una salida, y que bajen la guardia. Piensas en dar golpes contra algo metálico, o tirar algo contra las ventanas, que de todos modos tendrás que romper para tu plan de hacer un incendio. Lo malo es que aunque los guardias no te puedan disparar y Durr no te vea, puede deducir por el ruido dónde te encuentras y disparar una ráfaga a bulto. Mala idea. ¿Cómo hacer ruido sin exponerse a recibir un balazo?

En el archivo de tus recuerdos encuentras aquella película de guerra en el mar, "Duelo en el Atlántico", protagonizada por Robert Mitchum y Kurt Jurgens, en los papeles respectivos de un capitán de un destructor americano y el comandante de un submarino alemán. En una de las mejores escenas de la película, el destructor trata de localizar al submarino mediante los hidrófonos, porque han perdido contacto con el sonar, y arrojan periódicamente cargas de profundidad en la posición estimada porque creen que el submarino sigue ahí abajo. Los alemanes del submarino, mientras, están en navegación silenciosa, tratando de no hacer ruido a ver si los americanos del destructor se convencen de que han perdido el contacto y el submarino ya se ha alejado. Pero el bombardeo de las cargas que caen muy cerca y vapulean al submarino está angustiando a los tripulantes, hasta que el comandante alemán decide arriesgarse y poner un disco de marchas militares en el gramófono y hacer cantar a la tripulación a coro, a riesgo de descubrir su posición, para elevar la moral de sus marineros, y confundir a los americanos, que piensen que sus ataques no tienen efecto porque los alemanes están cantando, y así desistan, permitiendo al submarino escapar.

Eso es, necesitas música. ¡El portátil de Durr! Lo coges y lo activas, ante la mirada perpleja de Ania, que seguro se pregunta qué nueva idea se te ocurre ahora.

Aparte de para trabajo, los ordenadores se usan para el entretenimiento, y el de Durr no es una excepción. Además del porno, seguro que Durr también tiene música en formato MP3 en el ordenador. A ver... ¡ajá! Una buena colección de música, seguramente descargada ilegalmente de internet, otra fechoría a añadir a la lista de crímenes perpetrados por Durr, piensas con sarcasmo, más por el hábito de sacarle punta a todo que porque realmente te haga gracia. En estas circunstancias ya ni te ríes de tus propias bromas.

Examinas la lista de archivos. A pesar de tu sordera parcial, oyes lo bastante bien para poder oír apreciar la música. La buena, claro, la clásica, no toda esa mierda moderna de la música pop y el rock que escucha la gente normal en el momento de mayor retraso mental de su vida: la adolescencia. Te acuerdas de la sala de música en la que encontraste la metralleta, y la batería con el bombo y los platillos, y no te decepciona encontrar en las carpetas un montón de éxitos de la música de los 80 que hasta a ti te suenan de algo, de los que tenían tus hermanos mayores.

Bueno, imaginas que si encuentras algo de heavy metal hará bastante ruido. Tu opinión de Durr mejora algo, todo lo que puede mejorar tratándose de un psicópata asesino que quiere matarte, cuando encuentras una respetable colección de música clásica. Sobre todo compositores alemanes, como era de esperar. Piensas que Wagner no sólo haría ruido si no que por lo menos te resultaría más agradable de oír que las putas guitarras eléctricas y batir de los tambores de la batería.

Sonríes al encontrar otra carpeta. Era de esperar que a Durr, un aficionado a los juegos de guerra con miniaturas de la Segunda Guerra Mundial, y con un antepasado nazi, le gustaran las marchas militares, y en particular las del III Reich. Los culturetas dicen con desprecio que la música militar no es música, pero qué sabrán ellos... aunque sean nazis, los alemanes sí que entienden de música, y buenos coros tienen. En esto, y en otras cosas compartes gustos con Durr. El pensamiento te inquieta. Tú no te pareces en nada a ese loco asesino ¿no? ¿o sí?

Esto servirá. Seleccionas una lista de reproducción, pones el volumen al máximo, te pones el chaleco blindado y coges la PPSh por si acaso y agarras el portátil al levantarte.

- Vamos a buscar algo de comer, Ania — le dices. Ella ni te pregunta qué pretendes y te sigue dócilmente, hasta que sales al pasillo, dejas el portátil en el suelo, aunque los altavoces no sean muy potentes, crees que con este silencio y el eco por los largos pasillos podrán oír algo a esta distancia. Echas un vistazo por el telescopio. Sin novedad. Miras a Ania y sonríes:

- Voy a poner música para hacer ruido y que no nos oigan. Además, ¡les volverá locos!

Das al botón de reproducir y suena la fanfarria de Die Fahne Hoch, el himno del partido nazi, que nazi o no, sin ser de tus favoritas es una canción bastante buena. Vuelves a mirar por el telescopio mientras suena el coro de rudas voces:

Die Fahne hoch!
Die Reihen fest geschlossen!

...

El efecto es instantáneo, al oír los marciales acordes a lo lejos, tras un momento de confusión, el guardia del arco de la entrada se pone de pie de un salto y sus compañeros toman posiciones en la entrada, ves como asoman las bocachas de los Kalashnikovs. Esperas que no se pongan a disparar. Haces un gesto a Ania para que se agache. Giras el telescopio para observar el balcón. Parece que Durr también se ha sobresaltado, las cortinas se agitan y el cañón de la ametralladora ahora apunta hacia abajo y oscila nerviosamente de un lado a otro. Debe estar desconcertado al oír música, y encima reconocer la canción. Seguro que se sabe la letra de memoria.
...
Die Strasse frei
Den braunen Bataillonen!


Ania se tapa los oídos y tuerce el gesto porque la música tan cerca está muy alta. Para ti no, pero recuerdas además que los adolescentes tienen el oído muy sensible... hasta que se lo estropean escuchando la mierda que llaman música moderna con los cascos a todo volumen. Le indicas que te siga y os alejáis por el pasillo en dirección a la cocina. Le dices cuando llegáis a la esquina que se agache al pasar por delante de las ventanas, y que no haga ruido en la cocina. Como ella sabe dónde está todo, que busque algo de comer, y que si es posible que lo caliente, pero no en el microondas, que es muy ruidoso, mientras tú te quedas fuera vigilando.

Por precaución, entras tú primero en la cocina, metralleta en ristre. No hay infestados ni nadie en la cocina, que aparte de ser grande, es como cualquier otra cocina moderna completamente equipada con todos los electrodomésticos. Lo único notable es un gran horno de leña para asar los venados o jabalíes abatidos en las cacerías.

Ania con movimientos ágiles pero comedidos para no producir ni un tintineo, con la precaución de un zapador abriendo un paso en un campo de minas, saca una olla de sopa y un plato de salchichas y cuencos de ensaladas de la nevera. El almuerzo que no ha tenido ocasión de servir hoy, supones.

Mientras Ania coge provisiones y las calienta al fuego en la placa vitrocerámica, con cuidado de que no lleguen a hervir para no hacer ruido con el borboteo, tú miras aprensivo hacia arriba. Jugueteas con la idea de ametrallar el techo pero dudas que las balas tengan la penetración suficiente para atravesarlo, y no sabes dónde está exactamente Durr. Si tuvieras más munición, podrías intentarlo. Suspiras y aprietas con fuerza el arma.

A lo lejos suena la música. Esperas que tus enemigos estén inquietos devanándose los sesos preguntándose qué significa todo ese alboroto y si estás tramando algo. Una cosa te tranquiliza, que no se hayan puesto a disparar a ciegas por si acaso. Eso significa que no tienen tanta munición como para derrocharla.

Por fin Ania termina de calentar la comida y coger todo. Te sorprendes gratamente al ver que ella, ya sea por iniciativa propia, o por costumbre de servir como criada, ha puesto las viandas, primer y segundo plato, con guarnición, ¡incluso con pan y fruta de postre!, los platos y hasta cubiertos y servilletas en un carrito como los de servicio de habitaciones de los hoteles. Se te había pasado por alto el problema de cómo llevaros la comida de vuelta a la sala de reuniones. Una gran idea. El carrito rueda en silencio por la alfombra, y en breve, tras tener que apartar a patadas un par de cadáveres de infestados para que pueda pasar, y tras dejar huellas rojas de rodadas al pasar por un charco de sangre no del todo seca, estáis de vuelta en la oficina, que tras la tensión de ir por el pasillo tan cerca de Durr, hasta resulta acogedora.

Recoges el portátil y tras esperar a que acabe el himno del Afrika Korps que te gusta mucho,

Heia heia Safari!

y detienes la estridente música guerrera teutona. El súbito silencio les desconcertará. Luego, comprenderán que todavía estás pululando por allí, si has parado la música, y se relajarán. Hasta que vuelvas a encender la música. Puedes tirarte así toda la tarde, pero ahora quieres comer en silencio con Ania.

Ania come con buen apetito, pero tú devoras la comida como un lobo hasta el punto que tienes que recordar dejar algo para ella. Te sientes muchísimo mejor tras tu primera comida caliente y sabrosa en una semana. Falta vino o cerveza, pero es una omisión deliberada por tu parte, que no le has dicho nada a Ania, aunque el alcohol te vendría bien para calmar tus nervios y reducir el dolor, sabes que necesitas estar sobrio para poder pensar con claridad.

Si vas a morir, al menos que sea con el estómago lleno. Te siguen doliendo las heridas y estás cansado, pero te sientes mucho mejor de ánimo. Sobre todo porque Ania ha tenido la previsión de coger café. Es instantáneo, pero está caliente, y le echas tanto azúcar que puede flotar una herradura en él, y te sabe a gloria. Lo mejor es que la cafeína disipa tu cansancio.

Ania pregunta de nuevo qué vais a hacer, aunque la comida ha mejorado mucho su estado de ánimo y parece que empieza a albergar una tímida confianza en ti tras el éxito de vuestra incursión, y al explicarle cómo tratas de desconcertar a tus enemigos encendiendo y apagando la música. En el peor de los casos, sacarán la conclusión lógica de que sencillamente te aburres esperando la llegada de la noche y estás escuchando música para pasar el rato, lo que les hará relajarse y suponer que no va a pasar nada hasta la puesta del sol. Pero confías en que Durr, como buen paranoico, imagine que se trate de un ardid, y por tanto se agote en un estado de alerta continuo durante horas.

- De momento no vamos a hacer nada. Esperaremos una hora, y luego trataré de ir hasta el garaje a buscar gasolina y lo que encuentre.

— Iré contigo — dice Ania decidida.

Tratas de disuadirla, pero tras una breve discusión, reconoces que tiene razón. Es igual de peligroso quedarse quieto aquí que moverse. Tiene miedo de quedarse sola y no puede soportar la angustia cada vez que sales de vez en cuando a echar una ojeada por el telescopio, como para esperar cinco o diez minutos, o lo que tardes en ir hasta el garaje y volver. Cuando le dices que ir por el pasillo os expone a que os disparen los guardias de la puerta, ella argumenta que si ella está contigo los guardias no se arriesgarán a disparar por miedo a herirla, por órdenes de Durr.

— Además, — remacha con lógica inapelable — necesitarás ayuda para traer la gasolina desde el garaje. Veo que tu metralleta y tu armadura son muy pesadas. Estás herido y debes estar agotado. Podemos poner la lata de gasolina en el carrito y yo lo empujo.

Callas sorprendido. No esperabas esto. Es una chica lista y valiente y puede serte de ayuda. Tal vez puedas darle la oportunidad de escapar, después de todo.

- De acuerdo. Estamos en esto juntos — no tienes ganas de moverte por ahora después de comer tanto, y tus enemigos no han comido nada, por lo que decides seguir con la conversación interrumpida. Tienes la sensación de que se te ha pasado algo por alto.

Pones a Mozart en el reproductor. Las alegres notas de "Eine kleine nachtmusik" tan familiares y conocidas te provocan una extraña sensación, por el contraste entre el horror y la muerte que te rodean, y el recuerdo que evocan del hogar, de tiempos pasados, si no felices, al menos más seguros.

- Ahora, cuéntame qué pasó cuando te cogieron, Ania.

(¡¡continuará!! despacio, pero continúa)

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por gonella » 01-Nov-2016, 11:41

Aun tengo fe en que Z sale vivo de la casa. Después de todo lo que ha pasado, no sería justo que no consiguiera salir con Ania.

Como diría el gran Bertín "y es tanta mi fe que aunque no tengo jardín ya me compré una podadora". Espero un final feliz, llamadme romántico.

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 01-Nov-2016, 18:33

gonella escribió:Aun tengo fe en que Z sale vivo de la casa. Después de todo lo que ha pasado, no sería justo que no consiguiera salir con Ania.
Bueno, la vida no es justa. La verdad es que esta aventura es tan endiabladamente difícil que nunca esperé llegar tan lejos. Siendo realistas lo más probable es que Z. acabe muerto y Ania en las garras de Durr. Como jugador yo veo posibilidades de que Ania al menos pueda escapar.
Como diría el gran Bertín "y es tanta mi fe que aunque no tengo jardín ya me compré una podadora". Espero un final feliz, llamadme romántico.
Para los románticos, unas fotos de Ania sacadas del portátil de Durr. Aunque es mejor que cada lector se imagine a los personajes, los dibujos y las fotos ayudan.La ilustración es buena, pero esta modelo fue la inspiración para Ania, es checa, no polaca, pero ya vale. Igual al ser polaca tendría más pecho, pero no se puede tener todo en esta vida :smt003

Continuaré con la narración. Esta parte de la partida va muy lenta, pero cuando esté terminada, se lee de un tirón y no parecerá tan largo el interludio. Además así le doy tiempo a otros amigos a leerla.

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Heinrich
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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por Heinrich » 02-Nov-2016, 16:20

El Analandés escribió:El carrito rueda en silencio por la alfombra, y en breve, tras tener que apartar a patadas un par de cadáveres de infestados para que pueda pasar, y tras dejar huellas rojas de rodadas al pasar por un charco de sangre no del todo seca, estáis de vuelta en la oficina
:smt041 Estos detalles hacen grande la partida. Lo que me sorprende de esta tía es que no te haya preguntado si entrenaste en la isla de Formoza, o por qué no llevas un distintivo con un ancla, después de tu aparición en plan Sobieski mientras ella se escondía a lo Komorowski. Ahora, me resulta raro que esta nieta de Lech quiera marcarse un Smigly por el túnel o un Opaliński pensando en una huida posterior, pero bueno, supongo que hay momentos en que una chica no se siente Emilia Plater y sí Estanislao Augusto. Esperemos que su sangre eslava apuñala-padrastros decida recuperar la tradicional ceremonia de hermanamiento germano-polaca y darle duro en los dientes al tal Durr, y que Z. salga vivo de esta aventura y con un pen-drive de fotos de Ania y la señora Danvers. ¡Naprzód psiekrwie, Cesarz patrz!

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Re: La sangre de los zombis

Mensaje por El Analandés » 03-Nov-2016, 11:31

COMENTARIOS


A Heinrich:

¡Deja de beber vodka polaco de patata! :smt030

Seguiré con la historia, paciencia, que queda conversación para rato. Tengo ya algo escrito, pero este puente mi mujer ha cogido vacaciones, y he estado estos días de un lado para otro.

Sobre los detalles macabros:

Estos detalles hacen grande la partida.

Me llena de orgullo y satisfacción, sobre todo viniendo de ti, que hayas reparado en ese detalle siniestro. Es un par de líneas añadidas como apostilla a lo que de otro modo sería una escena mundana y aburrida de buscar qué comer, para recordar el horror y lo incongruente de la situación. Están tan tranquilos comiendo cuando al otro lado de la puerta hay más de una docena de cadáveres.

Mi intención es ser realista y mostrar el problema práctico de que los muertos siguen molestando espués de muertos. Si sale de ésta, va a ser un problema peliagudo el deshacerse de tanto cadáver. Refleja también el embrutecimiento e insensibilidad progresiva de Z. a las horribles escenas que ha presenciado y perpetrado. Ha matado por miedo, por furia, y hasta por odio. Antes le daba asco hasta pisar la sangre, ahora se ha acostumbrado y ve los cuerpos, no como los restos de lo que fueron personas, sino como un simple estorbo.
Z. siempre quiso ser un tipo duro, pero hay que tener cuidado con lo que uno desea.

He tratado de reflejar el horror con una sutil pincelada en vez de con groseros brochazos. El detalle macabro de las rodadas rojas tras pasar por el charco de sangre basta para hacerse una idea sin necesidad de una descripción explícita de casquería. También es un detalle realista, que muestra el paso del tiempo y el que los muertos no son simples muñecos inanimados, si no sacos de fluidos que gotean, y que en pocas horas se ponen rígidos y luego empiezan a oler. En este caso concreto, la sangre se coagula enseguida sobre una superficie dura, pero lo he basado en la descripción que leí de la escena de un crimen pasional cometido en verano. La sangre, debido a que fue absorbida por la alfombra, y que el calor que hacía era igual al de la temperatura del cuerpo humano, se mantuvo líquida, o al menos viscosa, horas después de la muerte.

Otro detalle en el que no sé si habréis reparado es en que Ania, que está loca de atar (me encanta el doble sentido :smt003 ) al ir a la cocina se le activa el piloto automático y lleva a cabo las tareas de criada, de preparar una comida completa de dos platos y postre, con cubiertos y todo, mientras que Z. se habría limitado a agarrar una barra de pan y embutido a toda prisa. Cuando alguien está bajo gran tensión nerviosa, el hacer una rutina familiar sin pensar es una forma de desconectar y aliviar la tensión.

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